Para transformarnos en Él se hace Pan de Comunión
Isaías 53, 7-13
Jesús, tú eres maestro y te pones delante nosotros, para que fácilmente te podamos seguir, nadie delante de ti, puede decir “no puedo” porque tú ya lo hiciste y ¡de qué manera! En cuanto a sufrimiento, nadie ha sufrido tanto como tú hasta sudar sangre e ir al calvario, para enseñarnos a vivir.

La vida es eso, el camino a Jerusalén, no porque Dios lo quiere así y nos maneja como títeres, sino que si no aprendemos a vivir según los caminos del Señor, se nos hace cuesta arriba, es caminar contra corriente, porque lo más natural es que seamos humildes, que nos amemos unos a otros, que digamos la verdad, eso ya está inscrito en el corazón del cada persona.

Entonces ¿Por qué somos lo contrario a Jesús? Porque la sociedad, la educación, nuestros padres nos van diciendo otra cosa diferente a los valores evangélicos, nos enseñan a responder con violencia desde que nacemos, decimos en el colegio, o en casa, si te insultan, contesta mal, pégale, mándalo al diablo, en vez de decirle que encuentre caminos viables de solución: el diálogo, la comprensión, la tolerancia.

En el hogar ni qué decir: gritos, peleas, maltratos a la pareja, a los hijos en forma física, moral, sicológica, porque nadie quiere dejar de tener la razón, todos queremos dominar, controlar al otro y pues nadie se deja.

Lo que nos dice Jesús, es que por nuestros frutos nos conocerán, quien sembró violencia, recoge violencia, quien lo educaron en paz, sus frutos serán que por donde pasa deja paz, aún en los juegos rudos.

Ayer en un juego, una de las competencias era la de box, sobre un tabladillo en una piscina, uno de los jóvenes no da golpes fuertes y a la primera lo botan al agua, y varias veces intentó y siempre al agua, y le preguntan ¿qué no puedes defenderte? Y él dice, es que yo nunca hice algo violento, porque en mi casa no me lo permitían. Fruto del diálogo, del amor en el hogar, es la no violencia y este chico por no dejarse pegar, como dicen “no era un maricón” es un joven que le enseñaron a tratar al otro con respeto.

Pero, Jesús, sabe que sus padecimientos no es fruto de sus pecados, es para enseñarnos a actuar con paciencia las situaciones de la vida, sin violentarnos, no desesperarnos. A mi durante en este nuevo periodo de mi vida desde que me accidenté, ¡Cuanta vida me ha dado Jesús, al leer este pasaje! Me acuerdo que del colegio donde trabajaba, al poco tiempo del accidente tenía que renunciar a trabajar, desde una cama del hospital y yo le decía a Dios ¿por qué así de esta forma? Me hubiera gustado despedirme con un almuerzo con todas mis alumnas, sus padres, jaraneándonos y que me den regalos etc., y Jesús me decía ¡Mírame! ¿Cómo me fui de este mundo? Humillado, apaleado, crucificado y yo decía ¡Siempre ganas! Y es verdad, siempre nos lleva la delantera, Él se ha hecho camino para que podamos seguir su ejemplo.

Y no nos dice que seamos carneros, sumisos, que aceptemos todo, si no que tú responderás según lo que vivas, pero siempre buscando la verdad, a Jesús, lo vemos con cólera cuando hacen de su templo, un mercado, donde se vende todo y no es templo de oración, le escuchamos decir ¡díganle a ese zorro! (Lucas 13,31-33) .

Jesús quiere llevar a cabo el Plan de Dios, nos quiere enseñar ¿Cómo responder a un mundo violento? Siempre con la verdad, Jesús no responde y pone la otra mejilla cuando sabe que lo quieren sacar de los caminos del Padre, y calla a veces ante tanta estupidez, en la que las personas quieren dar la razón a lo que no tiene, el verdadero amor implica decir ante todo absolutamente la verdad.

Por eso Jesús en un mundo de mentiras exclama ¿por qué no entienden mi lenguaje? Juan 8,31 se ve incomprendido por todos, tanto de los políticos como de los maestros de la ley, porque quisieran a un Jesús, que se adapte a sus valores por eso lo crucifican y lo matan aquellos que salen del Plan de amor, paz de su Padre.

Jesús se deja moler, hasta hacerse pan y puedan ser comido asimilado para que entendamos la manera de vivir en la verdad, que es Él. Y enseñarnos a ser ese Pan, que ama hasta a los enemigos, es ir más allá de nuestras emociones superficiales, nos enseña a buscar lo mejor para los demás y lo mejor es enseñarle los valores evangélicos

Y el máximo valor del Evangelio es el Amor, por sobre todas las cosas y eso es Jesús en la Eucaristía, por Amor a los demás me deshago, me entrego, me doy sin ninguna condición, queja, interés, sólo ama y espera dar AMOR-VIDA.

Seguirte a ti Jesús es amar la verdad, la vida.

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