“DIOS ME CUBRE CON SU MANTO”




Estamos en la tercera semana del adviento, la liturgia nos invita a experimentar la alegría en el Señor y en la Escuela de la Palabra nos invitaban a darnos cuenta de que tenemos razones para estar alegres, para alegrarnos en el Señor. Supone personalizar esas razones que a cada uno el Señor nos la da a conocer. Por eso, vamos a dedicarle este día para que en la oración el Sr. Nos dé a conocer todo.

¡Qué bueno es escuchar a Jesús que nos dice: a ustedes no les llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor, a ustedes les llamo amigos, porque les doy a conocer todo! (Jn 15,15) Poder contar con la certeza de que él nos lo va a dar a conocer todo. Nuestro Dios tiene la intención de podamos gustar qué Bueno es el Señor, nos deja gustar su rostro amoroso, un rostro que todo lo hace nuevo, que saca los precioso de lo vil, que ilumina todo con una nueva luz.

¡Es el Dios de los imposibles! Nos invita a gustar en nuestra propia vida a un Dios alegre. ¿Por qué? Porque él nos cubre con su manto. Supone entrar en la experiencia de sentirnos cubiertos con su manto. La cita que nos puede ayudar es Is 61,1-11: Mi alma se alegra en mi Dios, pues él me puso ropas de salvación y me abrigó con el chal de la justicia, como el novio se coloca su corona, o como la esposa se arregla con sus joyas. Pues así como brotan de la tierra las semillas o como aparecen las plantitas en el jardín, así el Señor Yavé hará brotar la justicia y la alabanza a la vista de todas las naciones.

La Palabra de Dios nos ilumina y nos hace caer en cuenta que la alegría no viene de fuera, no depende ni de nosotros y ni de los demás, tampoco de las situaciones o circunstancias, porque son tan cambiantes, tan inestables, tan volubles. Si nos quedamos ahí lo que estaremos saboreando sería el fracaso, o la decepción, así como el desencanto.
Estamos ya en la cuenta regresiva, nos faltan pocos días para concluir un año más y abrirnos al nuevo año, nos espera un futuro lleno de esperanzas. Es la certeza que tenemos, una certeza fundamental, que fundamenta nuestra vida y nos hace saborear con gozo el futuro, nuestro futuro. El Sr. Nos invita a hacer la línea de nuestra vida, una línea en el que resumimos nuestro año. Ahí donde entran todos los acontecimientos vividos, los concluidos y los que están sin resolver, los buenos y malos, donde ahora los podemos ver con una nueva luz, la luz de la fe, la luz del Amor de Dios que todo lo hace bien, que escribe recto en renglones torcidos, que sabe sacar aguas con gozo de las fuentes de la salvación.
Es es nuestra línea o historia personal donde nos encontramos cubiertos por el Sr. Nuestra vida cubierta con el manto de la salvación. Entonces nuestro espíritu se alegra en Dios, en ese Dios amoroso que actúa en los reveses de la vida, y que de ahí saca Vida, aprendizaje. La Palabra de Dios nos dice: hay un tiempo para todo: Tiempo para llorar, tiempo para reír, tiempo para plantar, tiempo para arrancar, tiempo para derribar, tiempo para construir, tiempo… Es el tiempo de Dios en definitiva, tiempo de experimentar su salvación en nuestra propia vida.
En la que nada queda fuera de su manto, no hay nada que no sea amado, redimido, salvado, y donde el Sr. Saca lo precioso, tiempo de sacar como la abeja, lo precioso y poder elaborar con nuestra propia vida caminos nuevos para nuestros hermanos. ¡Qué bueno experimentar que nuestra alegría es ver nuestra vida cubierta con el manto de la salvación! Una vida renovada, preciosa, sacada de lo vil, iluminada con una nueva luz, porque él hace nuevo todas las cosas.

El Profeta Is, hace la comparación de ese manto de salvación a la semilla que brota en la tierra, o a esas plantitas que aparecen en el jardín. Pues no es una salvación pasiva, sino signo de fecundidad, de frutos nuevos que hablan de una nueva vida llena de VIDA Y CON FRUTOS.  Pues así como brotan de la tierra las semillas o como aparecen las plantitas en el jardín, así el Señor Yavé hará brotar la justicia y la alabanza a la vista de todas las naciones.

Esta vida alegre y fecunda nos lleva a tener un corazón agradecido, a tornar nuestra oración en agradecimiento. Gracias Señor porque es tiempo para vivir de ti, y para ti, t desde ti para nuestros hermanos. Tu voz es como ese suave susurro en nuestro interior que nos dice es tiempo de las canciones:  (Cantar de los cantares 2, 10-14)Levántate, compañera mía, hermosa mía, y ven por acá, paloma mía. Acaba de pasar el invierno, y las lluvias ya han cesado y se han ido. Han aparecido las flores en la tierra, ha llegado el tiempo de las canciones, se oye el arrullo de la tórtola en nuestra tierra. Las higueras echan sus brotes y las viñas nuevas exhalan su olor. Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven. Paloma mía, que te escondes en las grietas de las rocas, en apartados riscos, muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz, porque tu voz es dulce y amoroso tu semblante.



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