“Cuando no escuchamos la Palabra de Dios nada nos aprovecha”




Esta semana estamos profundizando en el dinamismo de la Palabra, es el germen de Vida y Amor que tiene la Palabra Viva que es Cristo. Ese dinamismo es don de Dios y nos lo hace partícipes en la oración.

Es iniciativa de Dios, El nos prepara, nos dispone, invierte tiempo gratuitamente para crear en nosotros las disposiciones necesarias para escucharle. Luego, él mismo provoca la sed de Dios, la sed de escucharle, porque es innato al hombre.La escucha aquieta el corazón nos sacia, y colma nuestra sed de Dios, y del Dios Vivo.

Is 55,1-4: Vengan a mi todos los sedientos, vengan sin pagar y saciarse, escúchenme atentamente y comerán bien, presten atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán”. Sellaré con ustedes una alianza perpetua y seré fiel a mi amor. 

¿Cuál es la intención cuando nos invitas a escucharle? Busca hacer una alianza perpetua, a fortalecer los vínculos de comunión con él y con los demás. El fin de la escucha de la Palabra es la unión con él, para que vivamos nuestra vocación. Dice la Encíclica de Gozos y esperanzas No.19: La vocación del hombre es una la divina, la unión con Dios. Es la perspectiva de esa escucha a Dios y por eso se precisa ejercitarnos; vivir en un constante ejercicio de escuchar atentamente la Palabra de Vida.

Es ejercitarnos a ir a la fuente gratis, beber de su gratuidad, porque escucharle a Dios es vital, para nuestra vida, felicidad y realización. Este ejercicio constante nos adentra en su descanso, porque nuestra inquietud del corazón es sed de Dios, sed de escuchar a Dios.

¿Qué buscamos cuando andamos inquietos? En Juan 21,1-3: podemos identificar nuestras inquietudes del corazón, lo que inquieta nuestra vida, y ver que esas inquietudes nos acaparan y van orientando nuestros actos, pero si no reconocemos que tenemos sed de escucha a Dios, o como dice el salmista: “Sed de ti tiene mi alma” nos vamos a hacer cosas buenas, pero sin sentido, sin intención y no pescamos nada. Esa noche no pescamos nada.

“Después de esto nuevamente se manifestó Jesús a sus discípulos en la orilla del lago de Tiberiades. Y se manifestó como sigue: estaban reunidos Simón Pedro, Tomás el Mellizo, Natanel, de Caná de Galilea, los hijos del Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Contestaron: “Vamos también nosotros contigo” Salieron pues y subieron a una barca, pero aquella noche no pescaron nada”.

Escuchar a Dios es calmar nuestra sed de Dios, de escucha atenta a él. Porque dice la Dei Verbum 7: “El hombre es capaz de Dios” es capaz de escuchar a Dios y escuchándole llenar todos sus vacíos, encontrar orientación a su vida, y llenar su orientación de sentido. Es tener amor, como dice San Pablo en 1ªCor 13: Porque si no tengo amor nada me aprovecha. Ya podemos hacer muchas cosas, incluso buenas pero si no tenemos amor de nada sirve, si no escuchamos a Dios de nada sirve.

Por eso, es la voz del amado que nos habla hoy Cantar 2,8-14: No es cualquier voz, no es la voz de nuestros sentimientos, de los demás, es la voz del que sabemos que nos ama. La voz a quien le debemos la vida, la vocación, la misión. Esa voz delicada que nos dice: “Mira como vengo brincando tus montes” ¡miren como viene! Busca nuestra atención, que centremos nuestra mirada, nuestro pensar y sentir en él. ¡Mira como viene! La voz del amado se deja escuchar en nuestro interior. ¡Mira! Contempla como vengo, vengo saltando los montes, haciendo camino  en tus montes y cerros, vengo tocando tu realidad, pero me detengo, porque me importas tú, no tus cosas, ni tus afanes, eres tú. ¡Mira! Levanta la mirada date cuenta que estoy mirando tu vida, tocando a la puerta (Ap 3,20) si tu me abres entraré y cenaré, yo contigo y tu conmigo.

El sabe que no pasa por encima de nuestra libertad, porque escuchar es optar, es opción libre y voluntariamente, por eso nos dice: si tú me abres y me escuchas entraré a tu casa y cenaré yo contigo y tu conmigo. El fin de la escucha será siempre la comunión con Dios, con el que me pregunta, el mayor amor es darnos la libertar para optar por escucharle sin coacciones. Optar es elegir la mejor parte que no nos será quitada (Lc 10 38-42)

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