“Mi familia son los que cumplen la Palabra”


Lucas 8, 19-21
Su madre y sus hermanos querían verlo, pero no podían llegar hasta él por el gentío que había. Alguien dio a Jesús este recado: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.» Jesús respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»
Me imagino a Jesús predicando y justo está abordando el tema de la escucha de la Palabra, Lucas 8,17, y se aparecen María y sus parientes y me imagino que Jesús al ver a su madre, dice: ¡sean como Ella que me enseñó a escuchar la Palabra ya ponerla en práctica! con su ¡SI! Hágase en mí, según su voluntad.
Qué bonita expresión que configura el ser de María y que es un llamado a la familia, a los padres que serían los primeros en hacer la voluntad del Padre, y los hijos aprender de ellos como Jesús que se educó en ese clima, de tal manera que a los doce años Él tenía bien claro, que su misión en la vida es dedicarse a hacer las obras del Padre, Lucas 2,49.
Gracias a esa cultura de obediencia a lo que Dios quiere, Jesús creció, y creció lleno de sabiduría delante de Dios y de los hombres, Lucas 2,52, porque sabemos que Dios sólo quiere nuestro bien porque nos ama, a eso llama Jesús, a los matrimonios a educar a los hijos, en esa fe, de un Dios bueno, providente, misericordioso y que nos sostiene en forma personal y en familia, es ahí, dentro del seno familiar donde Jesús, desarrolló esa capacidad de hacer la voluntad de Dios aunque le costara lágrimas, sufrimientos, Hebreos 5, 7-9 . Y, Jesús dice con toda autoridad, mis parientes son los que como mi familia y yo hemos aprendido hacer la voluntad de Dios, a darle vida a la Palabra, dentro del hogar, de mi familia, allí en medio de las dificultades.
Porque para hacer vida la Palabra necesitamos seguir a Jesús por caminos de renovación interior, por amor al Padre y a los hombres, hasta ir a la cruz no por masoquismo sino libre y voluntariamente, Juan 10, 18, entregamos la vida para recobrarla en una carne resucitada muerta al pecado.
El seguimiento a Jesús está fundado en la humildad, de aprender en no apoyarnos en nosotros mismo sino en la voluntad del Padre, expresada en su Palabra, en las Sagradas escrituras. La escucha sencilla ya nos lleva a ser parte de El: familia de Jesús. Tu familia, Señor, es la comunidad de los “pequeños” que mediante la escucha de tu Palabra y la conversión a ella, va creciendo llevada por tu mano, querido Maestro y conducida hacia la plenitud de toda familia que es la relación trinitaria.
Lo único que nos pides es optar de corazón por Ti y elegir vivir según los criterios de tu evangelio, encarnando las bienaventuranzas y todas tus enseñanzas, enseñanzas que son tan actuales y tan distintas en cada momento de nuestra vida. ¡Jesús! , es una aventura escucharte, es como los deportes al extremo… pues preguntarte a ti, hacer y actuar como tú piensas y sientes, nos va a llevar a romper con todos nuestros imposibles. Cuando nos invitas a “cumplir la voluntad del Padre Celestial”, nos estás insistiendo en que, lo más grande, es formar familia, acercarnos a Dios como Padre. Captar la paternidad divina, la comunión con este Padre y todos los hombres, es la que nos permite hablar con certeza de una “verdadera familia” (Ef 3,16ss).
Pidamos a María a guardar la palabra en el corazón y ahí meditarla hasta aceptarla y darle vida abundante en paz, alegría, gozo que nadie nos la puede quitar.

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