Pautas Sábado

Qué me distrae en mi búsqueda de Dios
Juan 8,12; Mateo 2,4-7

Tú nos invitas Señor a través de tu Palabra a buscarte cada día y yo a veces un poco cansado no sé encontrarte porque me faltan las fuerzas o porque entre mi lista de prioridades no estás tú, me quitas el tiempo.
Y al llegar la noche me siento vacío porque encontré de todo menos a ti y tú Señor lo eres todo, sin ti la vida no tiene sentido, y no seremos felices hasta cuando tú no seas el centro de nuestra vida.
Yo veo Señor, que con tu Palabra, lo llenas todo, y no tiene por qué haber en nuestra vida esos vacíos, sin sentido, sin alegrías, sin pasión, sin hondura, porque lo que nos propones no es nada difícil, no está en el cielo como para no encontrarla ni al otro lado del mar como para no alcanzarla.
Quiero anti Señor, encontrar tu presencia sanadora, calor y cercanía, un rato para mirarme desde ti, por dentro y por fuera, para tomar aliento ahora que voy de camino a mis afanes o que vuelvo camino al término del día, vengo a pedirte que me pongas en pie, que me devuelvas las ganas de cantar, de reír y ser feliz.
¿Cómo Señor? Analizando que cosas te distraen en tu camino hacia mí, ¡Ven a mí! Que yo te aliviaré, ven con un corazón de pobre, necesitado, porque los satisfechos no necesitan de mí. Seguirte Jesús es responder a tu Palabra con desprendimiento hasta de mis esquemas mentales, mis creencias, dejar de juzgar a las personas, prejuzgar que es lo peor, es volver los ojos a tí a cada momento y, ver, escuchar, qué harías o qué dirías en las situaciones en que vivo en la vida cotidiana, qué me va separando de ti.
Seguirte Jesús, es adentrarme en la gran aventura de conocerte y conocerme, porque lo que tú eres a eso estoy llamado ser y lo puedo hacer y ser porque para eso te hiciste hombre, o sea lo que tengo que caminar es un camino seguro porque tú ya lo recorriste, yo no tengo que inventar nada, ya Tú, todo lo has hecho por mí y para mí, con una mirada especial me has tomado de la mano y me dices ¡no tengas miedo!
No tengas miedo de amar, de perdonar, de llorar, de sufrir, de tener miedo, de ser tentado, de caer, porque yo estoy ahí contigo, para enseñarte con mi Palabra.
Dame un espacio dentro de tu agenda, dentro de tus planes y proyectos, que todo eso también lo puedes hacer conmigo, yo no me opongo a lo que tú quieres, al contario soy tu amigo y quiero acompañarte en todo lo que hagas.
Quiero ponerme en tus manos, Señor, con la seguridad de que me amas y deseas lo mejor para mi, ayúdame a potenciar mis seguridades humanas que por muy buenas que sean a veces me alejan de ti. Quiero confiarme por completo a ti, porque tú eres la luz del mundo. Y el que te sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá luz y vida.» Juan 8,12
Como los Reyes Magos quiero dar con tu Persona, siguiendo tu Palabra firmemente y aunque se me presenten muchos Herodes que quieren matar la Vida tuya que hay en mí, no podrán, porque tú me sostienes con la firmeza que te da creer en los planes de tu Padre y sobre todo de amarlo tanto que te hiciste obediente hasta la muerte, para enseñarme a ser fiel a su palabra.
María, Madre nuestra y de la Iglesia, ruega por nosotros para dar con la persona de Jesús y seguirle de cerca hasta hacerme uno con Él y decir como Pablo, ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mi.





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