Pautas Viernes

Volver al Carisma
Levítico 25, 8-19: Lucas 4,18-21

En estos días que vamos a meditar sobre el año jubilar del Verbum Dei, la Palabra nos está invitando a ir más allá, a crecer, a apostar por ser cada vez más humanos y por los valores del reino, por eso el llamado es: ponernos en presencia de Dios, dejarnos mirar por Él y pedirle que este año sea vivir en verdad y libertad.
Situarnos junto a Jesús, y entrar en el corazón del Padre, para ver, escuchar que quiere Dios, en este año ¡Señor vengo a este rato contigo, un rato en intimidad y sin embargo no estoy solo, quiero compartir esta oración con miles de personas en todo el mundo, y gente muy diversa acercándose a ti , gente de distinta procedencias, de edades diversas, de diferentes ideologías, pero todos te buscan igual que yo, todos queremos encontrarte, buscarte y verte ¿Qué puede unir a gente tan diversa? ¿Qué búsqueda común compartimos?
Pedirle a Dios esa misma alegría en la diversidad, que nos conceda unos ojos capaces de descubrir una misma experiencia y búsqueda de Dios, a través del carisma Verbum Dei, que se centra específicamente en la “oración y predicación de la Palabra”
Y a través de este carisma, santificar este año de la gracia del Señor, porque realmente es la gracia y la misericordia lo que nos ha sostenido en estos cincuenta años.
Este año es para proclamar la liberación para toda la familia Verbum Dei, y así llegar hasta los confines de la tierra, ¿De qué tienes que liberarte familia? Es un volver atrás, para ver ¿cómo te encontré? Y que esa experiencia sea el punto de partida para renacer, renovar, recrear mi corazón.
Cómo anhelo, qué alegrías me trae la primera experiencia en la primera convivencia, fue de pura gracia, que Dios pasó por mi lado y viéndome envuelta en mi pecado me dijo ¡VIVE! (Zacarías 16,6) y yo empecé realmente a vivir, y aquel que vive no se queda estático sino que desea que todos tengan vida y comencé un camino contigo, Jesús, porque conforme te fui conociendo a través del Carisma, más te amaba y te seguía por donde ibas y me querías llevar.
Me cogió de la mano a través de misioneros, misioneras, matrimonios, discípulos a través de las Escuelas, como me deleitaban Cuando me hablabas, yo devoraba tus palabras; ellas eran la dicha y la alegría de mi corazón, porque yo te pertenezco, Señor y Dios todopoderoso. Jeremías, 15,16
Y eso anhelo, nuevamente los que me condujeron hacia Ti, y yo mismo, Señor volver a ser padre y madre de sus discípulos, que nos preocupemos en encontrar al hijo pródigo, que me vuelvan alimentar con la ternura de Dios en sus rostros, preocupados dónde estarán mis hijos, dónde y cuándo los abandoné? Cuando uno pierde un hijo, ese padre o esa madre no descansan hasta encontrarlo.
¿Cuántos hijos tengo, cuándo los tuve? ¿Qué ha sido de ellos? Ojalá este año nuestros hijos hijas nos digan al oído: ¡aquí están! a los que nunca pensabas recuperar: «Ese sitio se ha hecho chico para mí, dame otro sitio donde pueda levantar mi casa.» estaba abandonada, en el exilio, ¿quién me los habrá criado?
En este año, cada uno recobrará su propiedad y regresará a su familia. Estas palabras son maravillosas es época recobrar la última cosecha, porque este jubileo será sagrado para nosotros, porque regresaremos al hogar de donde nunca deberíamos haber salido, recobraremos el carisma como el fiel Jaime Bonet, lo soñó y tal como lo trasmite con la intensidad de sus vivencias.
Si le oímos predicar se le ve acaparado por la presencia amorosa de Dios y brota en él un deseo constante de dar a conocer y poner a todos en contacto con ese Dios, que le habla, aunque a veces lo ignore, y lleva dentro.
Pongámonos como Jaime, el tesoro que nos regala cada día en la oración, en manos de nuestra Madre, con ella en nuestra vida, nos regalará siempre su Fiat a cada paso y con ella proclamaremos el año de gracia del Señor.

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