RECONOCER LO QUE PUEDE HACER JESÚS POR TI: TE HACE AMAR

Lucas 17,11-19
La ocasión era que 10 leprosos claman a Jesús que los limpiara de su lepra diciendo: ¨¡ Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! vr.13., y Jesús tiene compasión de ellos y los sana de su terrible enfermedad, y se alejan. Pero, de los 10 leprosos, sólo uno se volvió con Jesús y agradecido se postra a los pies del Señor, y le da gracias por lo que había hecho con él.
Muchas veces la tendencia humana es de buscar a Dios sólo cuando hay problemas y necesidades, o cuando las enfermedades, las angustias, las crisis, los pesares, las situaciones difíciles llegan en la vida.
Y eso está muy bien, pero, cuando se reciben las bendiciones de Dios; cuando las oraciones son contestadas; cuando la mano maravillosa del Todopoderoso obra en nuestro ser; es cuando muchas veces nos olvidamos del gran amor, de la misericordia que Dios tiene por nosotros.
¡El Señor es la fuente de bendiciones!
Es necesario acudir a Dios en medio de las situaciones difíciles que día a día enfrentamos. Cuando son más grandes los problemas que nuestras fuerzas. Cuando las enfermedades quieren acabar con nuestro existir. Cuando parece todo perdido. Cuando hay la ¨lepra espiritual¨ por causa del pecado. Se necesita la ayuda de Dios.
¨Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.¨ Santiago 1:27.
Pero, sobre todas las cosas agradece a Dios por todo lo que ha hecho, por todo lo que hace y por todo lo que hará en nuestra vida.
¨Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.¨ 1 Tesalonicenses 5:18.
Cuentan que un hombre llegó al cielo. Jesús comenzó a mostrarle los diferentes ¨departamentos¨ existentes
El hombre notó lo atareados que estaban en ¨el departamento de peticiones y bendiciones¨. En ese departamento se reciben las peticiones de las personas y se les envían las bendiciones solicitadas.
Sin embargo, el hombre que estaba conociendo el cielo, notó un departamento solitario y con un sólo ángel. De inmediato, dirigiéndose a Jesús le preguntó cuál era ese departamento. Jesús le contestó: ¨ Es el departamento donde se reciben las gratitudes por las bendiciones recibidas.¨
Claro, nadie ha vuelto del cielo para decirnos si esto es cierto o nó. Pero, eso es muy cercano a la realidad. Muchas veces se busca a Dios en las situaciones difíciles, pero cuando Él contesta nos olvidamos de lo que ha hecho por nosotros.
Señor, ayúdame a ser siempre agradecido contigo por lo que has hecho y haces en mi vida. Gracias por darme la salvación por medio de Jesucristo. En su nombre. Amén.
Querido Dios-Amor: ¿A quién tengo que amar? ¿Quién es mi prójimo? ¿Hay casos en que es permitido dejar de amar al prójimo? ¿Qué se entiende por "prójimo"?. Sé que esta palabra remite a todos los hombres, sin distinción de raza, cultura, nacionalidad, posición social, religión etc. (Gal 3,28).
Tú nos enseñas que toda persona merece ser amada sin diferencias, y así, acabas definitivamente con nuestra crónica costumbre de marginar, de rechazar, de repudiar, de despreciar, de permitirnos tantos desaires, que nos hacen terriblemente inhumanos y repugnantes ante nosotros mismos, ante los demás y ante Ti.
No es posible amarte sin ensanchar el horizonte de nuestro prójimo. Nadie puede quedar excluido, descartado, y puesto aparte, si es que creemos prácticamente que quien ama al Padre ama a todos sus hijos. Enséñanos, Dios-Amor a identificar en nuestros ambientes a nuestro prójimo.
Como en tu sociedad, también entre nosotros hay muchos samaritanos con los que generalmente no nos tratamos, por la razón que sea. A diferencia de Ti, practicamos todavía la manipulación y discriminación de la mujer. Somos indiferentes al futuro de los niños, y seguimos sin involucrarnos en las tragedias de las capas sociales de esclavos , publicanos y pecadores, a los que miramos despectivamente.
Cerramos el corazón a las multitudes pobres, a los cojos, a los ciegos, a los sordomudos, a los leprosos, a los hambrientos y sedientos de pan y de justicia, a los buscadores de la verdad, a tus discípulos, incluso a nuestros amigos y con mayor razón a los enemigos .
¡Quién diría que somos tus seguidores! Pero desde hoy, podemos serlo si abrimos nuestro corazón a todos las personas, sin excepción (1 Co 16,24). Ya no hay "gente" para el creyente, sino hermanos igualmente dignos de ser amados: "Todo hombre es mi hermano" (Gandhi).

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