Pautas Jueves


Amar al prójimo como a ti mismo porque es parte del cuerpo místico

MATEO 22,36-39



«Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?».  Jesús le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.  Este es el gran mandamiento, el primero. Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

¿Qué tan importante es amar al prójimo cuando lo equiparas a amarte a ti, con  todo nuestro  corazón, con toda nuestra  alma y con toda nuestra mente? Así es, porque si no amas a tus hermanos a quien ves ¿Cómo podrás  amar a Dios, a quien no ves?

 Cuánta razón tienes Señor, es verdad,  amarte a ti creemos que es fácil porque pensamos que con decirte ¡Señor, Señor! O prenderte velas o invocándote  cada vez que te necesitamos eso es amarte, pero Jesús es bien claro cuando dice: Amar a Dios es hacer su voluntad por amor y Jesús es el camino para hacer la voluntad del Padre. Sólo escuchando su Palabra, acogerla y hacerla vida, pero previo a ese amor de Dios se podría decir que está la ley de los hombres, si tú no cumples la ley de los hombres ¿Cómo vas a cumplir la ley de Dios? Jesús mismo lo dice el AMOR- VIDA, que les he venido a enseñar,  es la perfección de la ley de los hombres.

Esta ley  son los diez mandamientos: y que están inscritos en el corazón del hombre, si no veamos todas las culturas desde su origen los han tenido y Dios antes de emprender el camino a la tierra prometida a los israelitas que los había sacado de Egipto, lo primero que hace es recordarle, el fiel cumplimiento de los diez mandamientos.

Es básico, el cumplimiento de la ley de los hombres, Jesús se sometió a ella cuando paga impuestos, cuando cumple con las leyes del templo y luego la perfeccionó con la entrega de su vida hasta la muerte en cruz, por amor a todos los hombres su cuerpo místico.

Nosotros estamos viviendo en un edificio, ahí nos han dado reglas básicas de convivencia, y  una de ellas es no hacer bulla con martillos, taladros sino hasta las 6 de la tarde  y tratamos de cumplirlas y el señor que trabaja haciendo algunas refacciones dice que él quiere terminar y quiere seguir pasada esa hora y yo le digo si usted es católico primero aprenda a obedecer a los hombres, en este caso a la directiva del inmueble, así aprenderá a hacer la voluntad de Dios.

Las leyes básicas de amar al prójimo están inscritas en el corazón, pero depende ¿Qué educación básica le dieron en sus primeros años, qué hicieron que esas leyes básicas, se transformaran en hábitos, en valores, en principios que rigen la vida de cada persona? Sobre esa base se puede construir el reino, porque la persona ya está acostumbrada a disciplinarse, a sufrir por el otro, por ejemplo, la puntualidad, que es una de nuestras debilidades, se formó como valor en casa, por respeto a los demás, yo me acuerdo que cuando salíamos de paseo, papá nos decía que seamos puntuales por respeto al chofer del carro que nos iba a recoger, por respeto a mis hermanos que ya estaban listos, esto cuesta, y si lo hacemos hábito, de adultos  ya no sufrirá en el trabajo y nos sirve como base a nuestra fidelidad como discípulos Verbum Dei.

Y así se podría enumerar tantos valores que a algunos nos falta como: decir si cuando es Si y no cuando es NO, digo como el Chavo SI y con la cabeza moviéndola digo no, esa ambigüedad hace daño a tantos hermanos, y que decir de la honradez,  somos honrados cuando no robamos; pero no nos hemos planteado de qué poco honrados somos cuando le robamos el tiempo a otro, no yendo a la cita, a las formaciones, le robamos las ilusiones a otros, a nuestros hijos cuando decimos: yo te voy a hacer esto, te voy a regalar, te voy a ayudar, nos vemos a tal hora  y a las finales salimos: con que no me dio tiempo, estoy lejos, no tuve dinero,  tuve mucho trabajo, que a veces es verdad, pero Jesús dice: piensa bien antes de tomar decisiones, no seas que al final no lo puedas hacer y entonces serás la burla de los demás.

El amar a los hermanos en el día a día no es cosa fácil, porque es pensar, tener horizontes amplios de lo bien que podemos a hacer a cada persona, con quienes convivimos, es tomar la cruz cada día y si es por amor, no es cruz,  es resucitar cada día, si dejamos de mirarnos a nosotros mismos.

María madre del Amor, enséñanos a convivir donde vayamos, siempre pensando en el bien que podamos hacer a las personas con quienes vivimos, con la comunidad, con las personas que trabajamos, que son las partes más visibles del cuerpo de tu hijo, a quien queremos amar con todo nuestro corazón, nuestra mente y todas nuestras fuerzas.

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