Pautas lunes




Revístanse del Amor que es el vínculo de la perfección





El Señor son esta verdad de fe nos invita a despertar y tomar parte en la construcción de la unidad, a optar por ser miembros de comunión en esa parte de su Cuerpo que nos confía o donde  estamos. No es casualidad que  estemos en el trabajo que estamos con las personas que tenemos a nuestro lado, o la familia, el entorno que nos rodea. Aunque a  veces quisiéramos huir de esos entornos y quedarnos solos para no tener que complicarnos la vida, preferimos estar solos.  Si es verdad que necesitamos en muchos momentos estar solos para pensar, para dialogar con el Señor, para volver a optar por lo que él nos confía, etc, etc. Pero no para huir de nuestra realidad que es que es parte de nuestra vida el estar en relación con los otros, pero no de cualquier manera.



Lo más grande es que el Señor nos nutre con la savia de su amor, nos alimenta con su Palabra que  nos fortalece por dentro, que nos anima, nos transforma, nos capacita. Por eso San Pedro nos dice:





 Pónganse, pues, el vestido que conviene a los elegidos de Dios, sus santos muy queridos: la compasión tierna, la bondad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia.  Sopórtense y perdónense unos a otros si uno tiene motivo de queja contra otro. Como el Señor los perdonó, a su vez hagan ustedes lo mismo.

Por encima de esta vestidura pondrán como cinturón el amor, que lo hace todo perfecto.  Así la paz de Cristo reinará en sus corazones, pues para esto fueron llamados y reunidos. Finalmente, sean agradecidos.

Que la palabra de Cristo habite y se sienta a gusto en ustedes. (1Pedro3,12-15)

Este revestirse del amor, de la paciencia, compasión, es fruto de estar nutridos  por su Palabra, no es un revestirse de fuera, sino por dentro. Cuando leía esta palabra le decía al  Señor, esto es tan necesario en toda relación Señor, quien no quiere vivir en ambientes de paz?, y el Señor tiene la confianza de encargarnos a nosotros como miembros tan importantes en su Cuerpo la construcción de estos vínculos.

Con esta palabra, Dios nos despierta y nos hace optar por la verdadera comunión, nos habla de que en nuestros corazones habite la mansedumbre, la paz y le preguntaba: ¿Qué es la paz? Y me acordaba de algo que leí de Juan XXIII: “Porque la paz no puede darse en la sociedad humana si primero no se da en el interior de cada ser humano”


Y muy unido a esto también las palabras de Martin Luther King: Tendremos que arrepentirnos en esta generación no sólo por las acciones y palabras hijas del odio de los hombres malos, sino también por el inconcebible silencio atribuible a los hombres buenos.

Son palabras un poco duras, pero tan reales, porque a veces es más fácil optar por el silencio, porque creemos que así construiremos la paz, vemos que hay cosas que no están bien y preferimos callar. O incluso tenemos luz  para aportar quizá no de cosas que no están bien, sino que ayudarían para mejorar algo en la familia, comunidad, trabajo, etc, y nos la guardamos porque es algo sin importancia decimos nosotros, o porque ya lo verá el otro si es importante, sin embargo el Señor nos lo está confiando a nosotros, porque somos miembros vitales de su Cuerpo, es en estas cosas que nos pide creérnoslo, y vivirlo porque es par el bien común, nos pide salir del silencio, despertar como dice San Pablo: Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y la luz de Cristo brillará sobre ti. (Ef5,14)
También nos invita el Señor a soportanos mutuamente, perdonarnos cuando tengamos motivos de queja unos contra otros. Nos pasa que tenemos motivos de queja, porque no nos cuadra la forma de ser del otro, la forma de hacer las cosas, situaciones que no nos gustan, nos quejamos cuando sentimos que se aprovechan de nosotros, de los otros, en fin, motivos de queja tenemos, pero el Señor nos invita a reconocer que no somos perfectos. Cuando San Pablo nos dice  sopórtense mutuamente nos está invitando a reconocer que tenemos nuestra condición humana  limitada y nos invita a  aceptarla en nuestra vida y en la vida de los demás y sobre todo nos remarca que lo principal es tener afianzado y claro mantener el vínculo del amor, que es lo principal, es lo que marca la diferencia en las relaciones y construye la comunión.
Que nuestra Madre María nos siga ayudando a ser esos miembros de comunión en el Cuerpo de Cristo.








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