Pautas viernes


Lo que hiciste por uno de ellos,

a mí me lo hiciste



El Cristo Total – Cabeza y miembros, nos abre así a la composición de lugar propia de nuestra oración diaria, más que suficiente para despejar toda rutina y para quedar cogidos totalmente por un Jesús vivo que nos necesita con todo nuestro ser: toda nuestra mente, corazón y fuerzas aplicadas y centradas en Cristo. Reconocer esa mirada de Cristo sobre nosotros es la que nos deja sobrecogidos en él, con un gran horizonte como son nuestros hermanos.

Señor no nos dejas viviendo un espiritualismo desencarnado, sino que nos hablas de nuestros hermanos más cercanos, con los que convivimos cada día. En el evangelio de Mateo 25, nos dice: «Vengan, benditos de mi Padre, y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver.»

Entonces los justos dirán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? El Rey responderá: «En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.»



Jesús tus palabras nos orienta y centra nuestra oración en el verdadero amor, y en los hermanos que vemos. Preguntémosle ¿Cómo quieres Jesús que sintamos contigo y con nuestros hermanos? ¿Quiénes son para ti? ¿Qué quieres que sean para mí? Vamos a profundizar en la carta de Filemón y a dejar que Jesús nos ilumine la vida con su Palabra y nos lleve a una verdadera conversión por ver a Jesús en los hermanos y considerarles como él, pero también a experimentar que Jesús se alegra y valora nuestras opciones, nuestros actos de amor porque en él no pasan desapercibidos, le hacen mucho bien.

Carta de Filemón: (Cap. 1)

ü  Pablo invita a que esa fe que tiene se ponga en práctica, se haga activa, para llegar a conocer todo el bien que puede hacer por Cristo Jesús.

ü  Le realza el amor que tiene, que ya va viviendo y que es para él “CONSUELO” y le llena de una profunda alegría. Ese amor conforta a los creyentes.

ü  Intercede por Onésimo: Aunque tiene poder para ordenarle lo que debe hacer.

Ø  Requiere pedírselo apelando al amor que tiene Filemón. ¿Qué le pide? Te ruego por mi hijo Onésimo, al que he engendrado entre cadenas.

¿Quién es Onésimo para Filemón? “Si en otro tiempo te fue inútil, ahora se ha vuelto útil para mí.”

Para Pablo Onésimo es: Ahí te lo envío y es como si te enviara mi propio corazón. El envío es un gesto de confianza para Pablo con respecto a Filemón, por el puro amor que le tiene, de su amor misericordioso.

Pablo quiere que Onésimo para Filemón:  

Pablo creé en Filemón y por eso, quien creé en él, crea eso que creé.

No es tanto por Onésimo, sino porque cree incondicionalmente en Filemón,  quiere que también Filemón crea en él, y en sí mismo. Quiere que desarrolle y despliegue en él su capacidad de amar, de entrega, está ensanchando el espacio de su tienda, le saca a ese espacio abierto que es el Cuerpo de Cristo, donde puedo sentir con Jesús lo que él siente por mi hermano, poder llegar a tener su misma sensibilidad por los demás. Por eso, Cristo Cabeza del Cuerpo Místico nos dice: (Is 54,1-5): Asegura tus estacas, tus fundamentos, tus certezas en mí. No te detengas, no te acobardes, no pongas tiempo, ni plazo, no dejes pasar la confianza que te tengo para cuando creas que estarás en condiciones de acogerlo y de amarlo como si fuera mi propio corazón. Señor ¿Qué significan estas palabras?

Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver.»

Entonces los justos dirán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? El Rey responderá: «En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.»



Pablo le dice a Filemón: (vamos a observar su pedagogía):

ü  “Habría que retenerlo conmigo para que me sirviera en tu lugar, ahora que estoy encadenado por causa del evangelio”, pero no he querido hacer nada “sin contar contigo”.

La Trinidad no pasa por encima de nosotros, puede hacerlo, pero ha hecho la opción de no hacerlo, porque nos ama: “Ha preferido contar con cada uno”.

¿Por qué ha preferido contar con cada uno?

ü  “Para que tu buen proceder sea fruto de tu libertad y no de la coacción”.

-       Dios siempre ve la bondad que hay en nosotros y porque quiere sacarla de nuestro interior. Ve que tenemos un “buen proceder”, una rectitud de corazón, una recta intención, un sano juicio y quiere que lo despleguemos.

-       Valora lo que ni Filemón ve: el buen proceder, fruto de la libertad.

-       Y no de la ley que lleva a la coacción.

¿Por qué? Porque la exigencia sin amor envilece, y la exigencia con amor enaltece. La exigencia con amor es ponerle ante lo más sagrado que tiene: “La libertad”, para optar por amar, por acoger a Onésimo nuevamente en su corazón.

ü  “… Y es que tal vez te abandonó por breve tiempo, precisamente para que ahora lo recuperes de forma definitiva”.

A veces es bueno hacer distancia, alejarse unos de otros, “el abandono” del que habla Pablo, para bien. Dios también propicia ese tiempo intencionado para recuperar a las personas que no acogíamos en nuestro corazón, con las que no nos llevamos bien, que tenemos distancias, o nos cuesta aceptar, amar.

San Pablo, habla de recuperarlas, por tanto, Cristo Cabeza del cuerpo místico  de recuperar en nuestro corazón a los que él considera “su propio corazón” y quiere que así les consideremos.

Recuperarlos definitivamente: Pero, no ya como esclavo.

ü  “Pero, no ya como esclavo, sino como algo más, como un hermano muy querido”.

Se trata de no mirarnos entre nosotros con una mirada meramente humana, con ojos humanos: utilitaristas, como arrogantes, prepotentes (yo arriba y tu abajo), sino como algo más, dice San Pablo, como “hermano”. Es tu hermano, tu hermana, no por ustedes, sino por mí mismo. Puedes ahora llamar hermano o hermana a los demás, no por ti mismo sino por el puro amor que les tengo. Le puedes amar como un hermano muy querido.  Para mí, ha pasado a ser muy querido, pero más todavía ha de serlo para ti como “persona creyente”.

Es la llamada que Jesús le hacía a Pedro en Jn 21: “Si me amas, apacienta”. Si me quieres amar, ámame en tus hermanos.

ü  “Acógeles en tu corazón como si me acogieras mi propia persona”.

ü  Y si en algo te perjudicó o tiene alguna deuda contigo, ponlo en mi cuenta.

Habla de la deuda del “perdón”, perdónale si te ofendió, perdona sus deudas, aunque sean muchas, como yo te he perdonado las tuyas que han sido muchas.

ü  “… Yo Pablo, lo firmo con puño y letra: te lo pagaré, por no decirte que eres tú mismo en persona quién estás en deuda conmigo”.

ü  Te lo pido confiado en “tu docilidad” y con la certeza de que harás más de lo que te pido.

Cristo Cabeza del Cuerpo ve en nosotros:

ü  Docilidad.

ü  Creé profundamente en nosotros.

ü  Rectitud de corazón.

ü  Capacidad de amar como él.

¡Qué bueno poder terminar la oración acogiendo su Palabra y dejando que Jesús nos diga: “Todo lo que haces a estos más pequeños a mi me lo haces”!

En Mt 25, Terminemos la oración dejando que Jesús nos diga: En ti me cobijo y me confío en tus manos el destino de multitud de hermanos (EFMVD 252). Gracias Jesús porque nuestra vida puede hacerte mucho bien.

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