“Somos el Cuerpo de Cristo”




1 Corintios 12, 27-31

“Somos el cuerpo de Cristo”, su Iglesia, su pueblo, llamados por la fe a vivir unidos a Cristo y entre nosotros.

Poseer esta verdad tan grande, es para entrar en la vida diaria de otra manera, después de esto ya no podemos vivir igual, porque se nos está dando algo fundamental que lo cambia todo….porque nuestra vida que generalmente vive centrada mas en nosotros, ahora con esta Verdad que nos dice que cada uno forma parte del Cuerpo de Cristo, es para pararnos y preguntarnos ¿ Qué lugar ocupo, yo,  dentro del Cuerpo Místico,  y como lo estoy viviendo, cual es mi prioridad dentro de Él, en cada cosa que hago? .    

“Cada uno en su lugar es parte de Él”, la vida humana se desarrolla en múltiples facetas, en el hogar los estudios, el trabajo, la vida social etc. Entonces cada cosa que yo viva en cada ambiente es importante, lo que diga, lo que haga, lo que decida, la carrera que he escogido, el trabajo donde postulo, la universidad, el amigo con quien me veo a diario, la persona que elija para casarme, mi estado de vida en general, todo tiene que ir iluminado por esta verdad: Que Jesús me necesita como parte de Él, como parte de su Cuerpo allí donde y con quien estoy.

San Pablo nos da un orden dentro del Cuerpo Mistico: “En primer lugar están los que Dios hizo apóstoles en la Iglesia; en segundo lugar los profetas; en tercer lugar los maestros; después vienen los milagros, luego el don de curaciones, la asistencia material, la administración en la Iglesia y los diversos dones de lenguas”.

San Pablo pone los primero lugares a los trabajos espirituales, como los más importantes y los más  necesarios dentro del desarrollo y crecimiento de la Iglesia.
El anuncio de la Palabra y la enseñanza son lo primero, porque  allí recibimos la fe y la fuerza para vivir los otros servicios tan necesarios también para la unidad y desarrollo del Cuerpo. Así a medida que vamos recibiendo la palabra y la enseñanza cada uno también va descubriendo los dones, los talentos que ya ha recibido y la ira desarrollando.

Esto es tan importante porque nos hace valorarnos, mirarnos como miembros preciosos dentro del cuerpo, muchos que pensábamos que no servíamos para nada, ahora, por la enseñanza de los sacerdotes, las misioneras (os),  los profetas y apóstoles de este tiempo, nos damos cuenta que nuestra vida sirve para Dios, tanto en lo pequeño como en lo más grande que hagamos.

Nadie puede decir que no es importante dentro del Cuerpo, todos y cada uno tenemos un porque estar ahí, Dios nos ha dado una responsabilidad, ya sea que nos toque estar dentro de la comunidad, de la parroquia, de nuestra propia familia, todos tenemos algo que dar y entre todos  nos complementamos.  

No podemos decir yo no sirvo, porque eso sería evadir nuestra responsabilidad.  Cristo cabeza y Cuerpo nos necesitan. En la medida que oramos, el tiempo que le dedicamos a Él en un retiro, una jornada de oración,  en la Escuela de la palabra,  la Escuela de oración, Jesús nos está convirtiendo en miembros vitalizadores, para ayudar a los miembros más débiles, a desarrollar también todos sus talentos.
Solo el diálogo profundo con  Cristo Cabeza en la intimidad de la oración nos pondrá en “La Verdad y el Amor e iremos creciendo cada vez más para alcanzar a aquel que es la cabeza Cristo. El hace que el cuerpo crezca con una red de articulaciones que le dan armonía y firmeza, tomando en cuenta y valorizando las capacidades de cada uno. Y así el cuerpo se va construyendo en el Amor” Efesios 4,15  

El Señor nos llama a vivirlo todo en el Amor, solo así podrá haber armonía y firmeza en nuestra Iglesia, que nuestra motivación sea siempre vivir solo para El, de esta manera viviremos en paz, fraternidad, solidaridad entre todos nosotros como Cuerpo de Cristo.

Señor por ignorar esta verdad, no he sabido cuidar tu Cuerpo, la vida espiritual de mis hermanos, de mi familia, de tu Iglesia, por no saber la magnitud, la repercusión de mis acciones en los demás, no cuidaba lo que decía ni lo que hacía, solo pensaba en mi misma, por eso te pido me perdones y me ayudes a que dedique más tiempo a la oración para estar más unida a Ti, y así ser consciente de lo que viva en relación con mi prójimo.
Te lo pido por la intercesión de nuestra Madre Santísima la Virgen María.

Dios nos bendiga.

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