María es imprescindible en el seguimiento
Est. FMVD 241
“María, Madre de Dios y de la Iglesia, la Mamá tan fami¬liar y querida, ocupa un lugar único y decisivo, imprescindi¬ble e insustituible en el Verbum Dei. Ella impulsa y guía el ritmo creciente de nuestra vida de oración y apostolado, orienta y decide el desarrollo y configuración de la Fraternidad eclesial.” Estatutos FaMVD241

Orar con la Madre y como la Madre será mi único anhelo, es la mujer sencilla que su sola presencia calma todas las tempestades que podamos pasar, su mano firme, amorosa nos da la paz que sólo una madre lo sabe dar, ¿Cuántas veces vamos a nuestra madre biológica para calmar las angustias, pleitos, incomprensiones que hay en el hogar? Yo al menos recuerdo que cuando tenía angustia, pena, cólera me recostaba en las rodillas de mi madre y ahí me desfogaba todo y mi madre me acariciaba el pelo me decía: ¡has entendido mal!¡No seas quisquillosa! ¡ no es para tanto!¡ no la hagas larga! ¡Ya párale, perdona! Y me levantaba segura dispuesta a hacer lo que me había dicho.
Siento en María la Madre buena lo mismo, siempre estoy apoyadando mis manos o mi cabeza sobre sus rodillas y diciéndole que cuide mi fe, que no me deje caer en la tentación. María en verdad es imprescindible en nuestra vida, en nuestro hogar, en la Comunidad, en la Iglesia.
Todo lo que se diga de María es poco, porque es única e insustituible y pensar que a eso estamos llamados a vivir, como Ella, pero María nos hace las cosas tan fáciles porque se presenta como un discípulo mas de Jesús y nos va enseñando hacer lo que Él nos diga. Lo que quiere María que como Ella encarnemos la Palabra y vivir la presencia de Dios en todo instante ¿Pueden imaginarse a María, todo el tiempo gozando de la presencia de Dios, primero en su seno, luego en toda la vida de su Hijo, vivió con los ojos puestos en Jesús.
Por eso a María se le acoge en nuestra casa como esa amiga, compañera, confidente, Madre, pasando ser mi casa, la casa de María para siempre, ahí enseñándome a dialogar con Jesús, ha comentarle todo a Ella sin reserva alguna.
Cómo no amar a María si Ella me ha enseñado a ofrecer mi vida y todo mi ser, mis quebrantos sobre todo, para la redención de muchos hijos; Ella me ha enseñado a ser servicial, a disimular las faltas de otros, a tolerar y ayudar acrecer a otros en el amor.
María nos enseña a dialogar con el Padre desde ese silencio interior, nos hace tener la mirada puesta en Jesús, sencillamente a sus pies escuchándole por eso Jesús le dice: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan.»”(Lc. 11, 27-28).
Jesús sabía que María era una persona que pone en práctica todo lo que el Padre le dice en lo secreto, ella es el modelo a seguir, escucha con atención, no solo oye sino que escucha la palabra y la pone en práctica. María sabe nuestras flaquezas, nuestras pobrezas, sin embargo sabe que si ponemos en práctica lo que vamos intuyendo del Padre encontraremos el sentido a esta palabra “Dichosos los que oyen la Palabra de Dios”.
Ella impulsa y guía el ritmo creciente de nuestra vida de oración y apostolado, orienta y decide el desarrollo y configuración de la Fraternidad eclesial.” Si queremos seguir los mismos pasos de María, hemos de dar un sí a cada momento al proyecto que Dios nos ha presentado para nuestra vida, María es figura y modelo de la Iglesia, y por tanto, de nuestra vida misionera y evangelizadora; su vida, sus obras, su sí constante son para nosotros una invitación a continuar su vida de entrega y donación, un llamado a gastarnos generosamente, a fin de que la luz de Cristo, ilumine cada vez más nuestro mundo.
Es ella la que va en busca de su prima Isabel para compartir su alegría por las promesas que el Señor le hizo (Lc 1, 39-45). No se esconde ni guarda su felicidad para sí misma. María nos enseña a llevar la Palabra con nuestra vida a todos aquellos que no conocen los planes del Padre.
¡Madre, no permitas que el miedo o el egoísmo nos impidan compartir los bienes que de Dios hemos recibido! ¡María, ayúdanos para ser como tú,

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