Tu eres manantial que salta para la Vida eterna

Cantar 4,12; Jn 4,14-15
La Palabra que con más claridad nos habla de que nuestra vida es como ese chorro de agua, que nos hace morada de Dios es decir nos hace como El, Jn 14,23: “Si alguno me ama guardará mi palabra y mi Padre le amará, vendremos a él y haremos morada en él.
No sabemos cómo pero los efectos son muy claros. En Jesús lo vemos: una persona que en una situación límite es capaz de mantener la paz del todo. Eso es consecuencia de una afectividad plena, sana, rebosante. Esto muestra a una persona afectivamente llena, porque el amor del Padre en el Espíritu lo sostienen.
En un cristiano no cabe decir: estoy sólo, estoy deprimido. Son expresiones que nacen de la poca convivencia con la Trinidad en nosotros. Jesús está solo ante sí mismo; solo ante los otros; solo ante la situación que le rodea, y que no es nada fácil. Pero no está derrumbado. Está de pie. “Aquí tienen al hombre” (Jn 19,5). En esas condiciones es capaz de mantener la firmeza.
¿Qué le proporciona a Jesús su firmeza? No son las situaciones exteriores, sino sentirse habitado por el Padre, por el Espíritu. Eso le permite que ninguna situación le haga volverse atrás. Es el manantial de agua viva que lo hace capaz de llevar la misión hasta el final.
Eso es así por la finalidad para la que nos ha creado Dios: la comunión con El (GS 19).
Jesús desea introducirnos en el mismo amor de Dios que es el manantial de Agua que da vida a muchos, Él vive. “Padre, te pido por ellos, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros” (Jn 17,21).
Ser manantial bien guardado es acoger su amor, acoger el don de sí mismo en nuestra vida, acogerle tal y como está en nuestros hermanos, muchas veces muy desfigurado (Is 52,14), crucificado. Acogerlo y hacerlo mío. “Tú, el Crucificado, eres mi bien. Nada hay fuera de ti” (Sal 16,2).
Esta convivencia con Dios que Jesús vive, se refleja en el exterior. Si hay comunión con Dios nuestra afectividad está sana. El interés de Jesús es que entremos en ese dinamismo que va generando fraternidad.
Lo fundamental de la fraternidad es la comunidad interna, la Trinidad en nosotros. El problema de nuestro mundo es que ignora esta inhabitación de la Trinidad. Ignora lo que tenemos dentro y los frutos que de ahí vienen.
La pregunta de Dios es: ¿por qué buscas fuera lo que tienes dentro? La oración nos hace conscientes de estas personas que viven en nosotros. La convivencia con ellos se manifiesta en actos exteriores. No es cuestión de saberlo sino de vivirlo.
¿Cómo llego a hacer crecer esta convivencia con la Trinidad? Buscamos fuera lo que tenemos dentro: la fuente del amor. Que nos hace amar hasta en las situaciones adversas que son fuego que acrecienta el amor. Lo más fácil entonces es amar.
María manantial de gracia y misericordia nos haga torrentes de agua viva que salten para la vida eterna.

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