“Meditar la Palabra día y noche para dar frutos a todo tiempo”
(Sal 1, 1-3)
Esta lectura siempre la encontrado rica en mensaje de Dios, lo que la Palabra nos trasmite es cómo una persona que ora es como ese árbol plantado a la orilla del río que da siempre fruto y tiene su follaje verde siempre y todo lo que hace le resulta bien.
Y eso me recuerda tantas horas de oración frente al Sagrario no son en vano, es donde el árbol bebe de la fuente y aún en tiempo de sequía, de dificultades permanece firme. En el hospital en cuanto me accidenté perdí el conocimiento y más o menos dos años estuve con mi mente aletargada, con poca consciencia de lo que me pasaba pero me acuerdo que todo ese tiempo dialogaba con Jesús y me venía a la mente mucha Palabra de Dios, en la que Jesús amorosamente me la explicaba, aún entraba en esa Palabra que para mi, era incomprensible como es el Capítulo 6 de San Juan y Jesús me la explicó tan bonito que ahora la entiendo y trato de vivirla, eso traía a colación porque decía es mi oración de mucho tiempo en forma sosegada, afectiva y efectiva, había echado raíces tan profundas que nada, ni nadie me las podía quitar. Nadie me quitaba lo orado y ahora en situaciones difíciles en la que ni siquiera tenía consciencia, la oración me seguía sosteniendo y reafirmando el gran Amor que Dios me tiene.
No es sólo, meditar la Palabra día y noche sino hacer de nuestra vida una oración y de nuestra oración una vida y es así como siempre el árbol va a dar frutos y como Jesús frutos que permaneces.
Nosotros teníamos una chacra de árboles frutales y en medio de ella habían tres palmeras, que según mi papá las había plantado mi tatarabuelo, tenían como más de trescientos años, y en las inundaciones de los años 90 que hubo en Piura, nuestra chacra fue arrasada no quedó nada excepto las tres palmeras ¿Dónde tienen sus raíces estas palmeras para que ni la avalancha de agua de aquella inundación, ni las peores sequías pudieron traerlas abajo?
Si no fueran por esas palmeras nosotros no sabríamos dónde quedaría nuestra chacra. Es un referente para ubicarnos.
Y yo siempre que pienso en ellas, me recuerda a Jesús, siempre tan ligado al Padre, Él bebía de su fuente: su voluntad para ser referente para nosotros. Él con su Palabra nos ubica y nos da la referencia cómo andamos.
¿Nosotros de dónde bebemos? Jesús nos dice «El que tenga sed, que venga a mí. Pues el que cree en mí tendrá de beber. Lo dice la Escritura: De su seno brotarán ríos de agua viva.»Juan 7,37-38 De su Palabra beberemos para convertirnos en esa agua que da vida a muchos, es la oración la que nos hace esos árboles frondosos porque nuestras raíces se alimentan del corazón de Dios y Él va alimentando nuestra Vida de Amor y llenando de Amor nuestra Vida. El fruto que Dios espera que demos y que es permanente es el amor, la aceptación del hermano con todo lo que es, el respeto hacia la persona humana en todos los aspectos y el llevarlo a Dios mediante la Palabra.
No hay Amor más grande que el que da Vida a través de la Palabra.
Pidamos a nuestra querida Madre ser ese árbol que siempre está verde y que da siempre frutos porque a través de los años recorre la palabra, escuchándola, asimilándole y haciéndola vida.





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