Pautas Jueves


¿Cómo puedo mamá, ver como familiar a Dios y a mis hermanos desde el rosario?
Efesios 3, 14:   Lucas 8,21 

¿A quién no le gustaría ser llamado familiar de Dios? ¿A quién no le gustaría sentirse familia de Dios? ¿Sentirse tratado como un hijo por el Padre, tener su confianza y depositar en Él la mía? ¿Sentir que tengo por hermano a Jesús, saber que está a tu lado como un hermano mayor a quien siempre puedes acudir? ¿Familiar del Espíritu de Amor o sentir que tengo por Madre a María? ¿A quién no le gusta a tener a todo el mundo como Hermano?

Es el sueño de Dios, ver convertido este mundo en un solo hogar, en ese hogar calientito, donde todos se amen y sean considerados hermanos útiles al reino, dignos de vivir en armonía, capaces de soportarse unos a otros a pesar de las diferencias de caracteres de maneras de ser, pensar, sentir, de actuar, pero que todos apuntaran a lo mismo: Vivir el reino de Dios aquí y ahora.

Eso, Madre,  familiar de Dios y de todo los hombres y mujeres de la tierra pero sobre todo de los más cercanos, de lo que viven y conviven conmigo día a día … A mí sí me gustaría, lo tengo claro. 

Y también el cómo es claro, tú mismo me lo dices: hoy, Jesús,  me das la receta: escuchar la palabra y ponerla en práctica.

Escuchar la palabra, que es mucho más que leerla y oírla. Es dedicar  tiempo a  rezar el rosario y meditar cada  la Palabra de Dios, a saber qué es lo que me dice a mí, personalmente, a buscar cómo la puedo aplicar a mi vida, a mis circunstancias personales. Pero sobre todo, sobre todo, a aprovechar la dicha de tratar con ustedes, familia del cielo, así, cercana, familiarmente, y aquí en la tierra,  que este trato con ustedes se manifieste en el amor, en el trato familiar con todos los que me rodean porque cómo voy a decir que soy familiar de Dios, si no considero a los que me rodean, como hermanos?

Hoy debo aprender  que necesito poner tu Palabra  en práctica. Escuchar la palabra de Dios y vivirla, como María por eso Ella fue la familiar más cercana a ustedes y el guardar la Palabra, la hizo Madre de todos nosotros.

Dime Mamá cómo lo hiciste porque  en la práctica,  no resulta tan fácil; sé que necesito mi voluntad, que es bien poca, y sobre todo tu gracia. Yo voy a poner todo de mi parte Jesús y sé que si te pido con fe tu ayuda no me la vas a negar. Y voy a perseverar en mi oración y a estar bien atento a todo lo que tu palabra tiene para mí, dejando que sea mi guía.

 La luz que estoy recibiendo de ti, la fe que me has regalado, la claridad de tu mensaje de salvación para con mi vida, el descubrimiento de este amor personal de mi Dios, la grandeza de la comunicación con mi Creador por medio de la oración… todo ello es para mis hermanos. No me das nada para que me lo quede, para que lo viva en privado. La poca o mucha luz que vaya teniendo, es para compartirla con todos. 

Por eso hoy quiero  darte gracias. Darte gracias por hacerme ver la grandeza de que me hayas dado tu Palabra y a María tu madre, y que puedas  contar con mi pequeñez, con mis defectos, con mis dudas. Gracias por aceptarme así, como soy, y que así mismo me llamas a aceptar a cada hermano a cada persona que se acerca a mí,  por decirme:  que no prive a nadie de ese poco que les puedo dar;  a dar  todo lo que tengo y que tú me irás  alimentando, cada vez más, de tu Vida y tu Palabra.  

Te doy gracias por ello Jesús, por hacerme disfrutar compartiendo lo que Tú me das, por invitarme a aprovechar todas las oportunidades de compartirte, de llevarte a todos con mi vida y también con mi palabra, eso es familiar tuyo muy cercano ¡Qué privilegio!


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