Lo que le haces al más pequeño a mi me lo haces, dice Jesús
Mateo 25,34-38
Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa.  Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver.»
Entonces los justos dirán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos?
Cuál es el reino que nos ofreces Señor?  Tú tienes toda la autoridad para proclamarte Rey y no hay mayor premio que el ser recibido por ti en una eterna comunión de amor contigo, no es posible imaginar cómo será este encuentro cuando me digas: “ven, bendito de mi Padre” es decir nos otorgarás la salvación, que nos libra de todos los pecados y sus consecuencias y nos darás la posición justa delante del Padre.
¿Debido a qué? Porque en las cosas pequeñas de la vida di pruebas de ser tu discípulo, cuando consideré a mi hermano tu imagen y semejanza, otro Cristo, y yo me presenté ante ellos como tú: manso y humilde de corazón (Mateo 11,29)  y estuve dispuesto a morir a mi egoísmo, imitándote, siendo misericordioso, dando a mi paso tu mismo amor.
Di de comer el Pan de la Palabra de Dios a quien tenía hambre y sed de justicia, a quien anda errante por sus faltas y su falta de fe y aparentemente era un hermano pero era Jesucristo a quien alimentábamos, porque yo me identifico contigo porque hacen la voluntad del Padre (Mateo 12,50).
Quizás no nos vas a pedir cuentas de nuestros pecados de idolatría, homicidio, adulterio, robo etc., sino  por mis pecados de omisión, pecados de negligencia (Cf Hebreos 2,3) por no haber creído que en el otro, mi semejante estabas tú, por abandonar por descuido la misericordia: te vimos hambriento y no te dimos de comer, no te visité cuando estabas enfermo, en la cárcel y no te vestí cuando nadie te protegía y tú me dirás: yo no te pedía cosas extraordinarias, ni difíciles que no podías hacerlas, era simplemente sentir compasión por aquellos que pasan por tu lado y tienen necesidades y con los cuales yo me identifico.
 Todo lo que  hice,  por cada uno a los que le extendí la mano, les ayudé:  económica, espiritual, sicológica, o socialmente, todo por amor a Cristo es hacérselo al mismo Cristo, “por uno de estos hermanos míos” es maravilloso  que ese pequeño favor hecho a cualquier persona con amor será recordado por toda la eternidad por nuestro Padre Dios, pues consideré a los más pequeños, a los más humildes, mis hermanos, hijos de un mismo Papá, Dios.
Jesús mío, Amor de mi alma, enséñanos a ser misericordiosos con todos nuestros hermanos, los más pequeños, los más humildes, con los que más te identificas.

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