Oramos como oyentes de su Palabra

Is 55, 1-11 Entramos al cómo orar y a mí lo que se me viene a la mente; orar como la sierva sedienta que corre a la fuente, con esos deseos de hablar con mi Dios, Señor, amigo, compañero, Padre, madre, novio, esposo, el amado de mi alma, si voy con esos deseos de encontrarme con Él, siento que Dios lo primero que me dice es: ¡Cuánto he deseado este momento de estar contigo! Y qué bueno poderle contestar ¡Yo también te anhelaba! ¡Tanto!.
Yo lo que le agradezco cada día al Señor, a la Comunidad, es el haberme enseñado a orar, no hay para mi cosa tan deliciosa que el entrar en mi habitación y encontrarme con el Dios que tanto he buscado y llena toda mis ansias, las colma y las calma.

Por eso preparo mi corazón, mi mente, todo mi ser para ese encuentro, lo preparo todo el día, haciendo que mi cuerpo sea realmente el templo del Espíritu Santo, y el Espíritu me guía por las sendas de la Palabra y cuando caigo no dudo en levantarme, porque lo siento a la puerta de mi corazón y me dice ¡Estoy a la puerta de tu corazón, para levantarte y hacer que vuelvas a mí! Apocalipsis 3,20

A ese Dios que hace tanto por mí, le pido perdón innumerables veces, porque innumerables son mis caídas e infinito es su Amor y su misericordia.

Gracias Señor, por tanto Amor derramado en mí, en mi familia, país, en el VERBUM DEI, y ¿cómo te podré pagar tanto bien que me has hecho? Sólo haciéndote más discípulos porque lo que haces por mí, lo deseo para toda la humanidad.

Ahora tú vienes a mi vida a través de tu Palabra y me llamas por mi nombre y me dices: A ver ustedes que andan con sed, ¡vengan a las aguas! No importa que estén sin plata, vengan; pidan trigo sin dinero, y coman, pidan vino y leche, sin pagar. ¿Para qué van a gastar en lo que no es pan y dar su salario por cosas que no alimentan?

Si ustedes me hacen caso, comerán cosas ricas y su paladar se deleitará con comidas exquisitas. Atiéndanme y acérquense a mí, escúchenme y su alma vivirá.

¿Han visto ustedes a un Dios más bueno que el nuestro? En estos tiempos en lo que todo se valora por lo que tienes, y todo te cuesta, Dios te dice: ¡Ven aliméntate gratis! Te voy a dar todo lo que desees, como es raro en nuestro tiempo que nos digan esto, quizás por eso no le creemos a Dios y no oramos porque vamos con las dudas ¿me dará o no? ¿Será Dios el que habla o no?

A Dios se va con sed, con ganas, ayer fui a misa de la comunidad porque sentía una sed de estar con Dios, de estar en comunidad hace meses que no lo hacía porque mi salud no me lo permitía, y realmente me sentía como pez en el agua, ¡este es mi hábitat! Es como estar en medio de la zarza, cara a cara con Dios, Dios te habla y tú le escuchas y es gratis y te van a dar el verdadero alimento que alimenta tu alma, el verdadero alimento que te da con toda seguridad la Vida: la Palabra y la Eucaristía.

En esta Cuaresma es tiempo de buscar con ansias a Dios, eso es el año jubilar del V.D, la remisión de nuestros pecados y de nuestras penas, en verdad yo digo ¡aprovechemos el tiempo de Dios, ahora que lo pueden encontrar, Llámenlo ahora que está cerca.

Démonos cuenta que Él puede curar todas nuestras dolencias, enfermedades, miedos, traumas, no dejemos que Él pase de largo, roguémosle ¡Quédate con nosotros! El día avanza y la noche se acerca si tú no te quedas a nuestro lado ¿Qué será de nosotros? Como Familia, como comunidad.

Oramos confrontando la vida con la Palabra, «¿Cómo haces la oración? ¿No cambia tu ser? ¿No cambia tu egoísmo en amor? «En la medida que le conocemos se va engendrando en nosotros la Vida de Dios. La transforma en este mismo Amor… por débiles y pecadores que seamos, cuando uno conoce a Dios le es espontáneo recurrir a Él pidiéndole: "¡Perdóname, Padre!» (Jaime Bonet, Familiares de Dios).

Aunque nos cueste, cuando uno empieza a ver lo que Dios va haciendo en nosotros, comprendemos que todo lo hace para bien nuestro aunque aparentemente o en ese momento sus proyectos no son los míos, y mis caminos no son los mismos.

Porque así, como el cielo está muy alto por encima de la tierra, así también mis caminos se elevan por encima de sus caminos y mis proyectos son muy superiores a los de ustedes.
Pero Dios a través del tiempo, nos hace ver que su Palabra coincide con los deseos infinitos nuestros porque infinita es su misericordia y su gracia, Él no nos va a llevar por caminos que no podemos transitar, Él nos toma de la mano y nos guía por los caminos de quien ya hizo camino: Jesús.
El conocimiento de la Palabra y su asimilación personal, serán el fruto propio de nuestro ejercicio diario de oración». «La oración te cambia el modo de pensar; la fe te cambia la escala de valores. ¿Qué significa esto? Que cuando Dios te habla, te cambia los valores. Y ¿por qué? Porque te ama, te aprecia y no quiere que estés con lo que no tiene ningún valor»

«La auténtica oración, es la que deja caer la Palabra de Dios como la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y haberla hecho germinar, para que dé la simiente para sembrar y el pan para comer, así será la palabra que salga de mi boca. No volverá a mí con las manos vacías sino después de haber hecho lo que yo quería, y haber llevado a cabo lo que le encargué. Is 55,1-11

El hablar con Dios, conlleva una transformación del ser en Cristo, es poner por obra la Palabra y no se contenten sólo con oírla, “Hacer” lo que Dios nos dice en la oración, nos lleva a “ser”. A ser orantes. Nos enriquece, nos humaniza y nos diviniza. Nos hace prácticos, concretos, creativos, entusiastas, emprendedores, santos… personas de Dios, enraizadas en su Amor y enriquecidas con los frutos del Espíritu.

Nuestro ejercicio de oración, se tiene que reconocer por los frutos. El primer fruto del orante se percibe en su “ser” antes que en su “hacer”. La unión con Dios se manifiesta en su “ser” contemplativo, en un estilo de vida orante, amante del silencio y abierto a la misión. “Ser” persona de oración, suele ir de la mano con “ser” persona de acción.
María, imprescindible en nuestra vida, nos de la gracia de tener sed de Dios y permanecer como Ella, guardando todo en el corazón, hasta hacerla carne y darla a los demás. Mamita querida te encomiendo los frutos de esta oración.

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