Pautas Viernes

Verbum Dei, Hacemos opción por anunciar el Reino
Lc 12, 22-31

Busquen más bien el Reino, y se les darán también esas cosas
Durante cincuenta años el Espíritu Santo ha ido gestando el Verbum Dei en la fuerza de la Palabra de Dios. Nacido de la misericordia y compasión de Dios Padre para con sus hijos, el carisma Verbum Dei se fue gestando desde la invitación personal de Jesús al P. Jaime Bonet, fundador del Verbum Dei, para llevar su Palabra, y con ella el amor de Dios a todas las gentes. De esta llamada nos hemos beneficiado nosotros, miembros de la Familia Verbum Dei, que desde diversas vocaciones y estados, compartimos la misma espiritualidad y misión. Desde la creación del primer núcleo de vida en común de las misioneras el 17 de enero de 1963, la Palabra de Dios ilumina nuestra identidad, nuestro deseo de consagración a Dios desde la propia vocación, y nos convoca en una misma familia misionera. En su Palabra queremos cimentar nuestra vida, pues en ella nuestra existencia encuentra la vida y amor de Dios. En ella y por ella, nuestra vida se hace plena y feliz, en una plenitud que se alcanza solamente peregrinando en la Palabra. Por la gracia de la Palabra nuestra vida se hace fecunda más allá de las evidencias negativas o limitaciones que nos cuestionan cada día nuestra existencia. Solo en ella, en su fuerza, nuestra vida puede ser fiel de forma gozosa con una fidelidad que no es estática sino que crece de fe en fe, a fuerza de esperanza, a impulso de una caridad siempre nueva que va más allá de toda muerte.(Carta Jubilar a la Familia V.D.)
Por esto, al que Dios envió dice las palabras de Dios porque Dios le da el Espíritu sin medida, dice San Vicente de Paúl, Dios nos da sus gracias según las necesidades que tenemos, Dios es una fuente de la cual cada uno saca agua según las necesidades que tiene para saciar su sed.
Jesús nos ha dejado su Palabra, y es ahí donde captamos sus sentimientos con las que pronunció con infinito amor al Padre y por eso predicó estas verdades para que nosotros gocemos y experimentemos ese Amor-Vida que Él, gozaba del Padre.
Nuestro carisma nos dice adherirse al corazón de Jesús para vivir su misma experiencia en la relación con el Padre, para dar esa Palabra orada a todos los pueblos.
Por eso el Padre se complacía en Jesús: “Este es mi Hijo muy amado” Mt 17,5. Ojalá el Padre pueda decir lo mismo de nosotros, que somos sus hijos muy amados porque escuchamos a Jesús, es su voz la que resuena en nuestro corazón y fundamenta nuestra evangelización.
A Jesús le escucha y le siguen multitudes porque Él mira al hombre y siente sus necesidades los cura y sana sus corazones.
Es en la Palabra de Jesús donde Jesús abre nuestro entendimiento y poder predicar, pero a veces, andamos preocupados, tristes, por las circunstancias de la vida, que superan nuestras fuerzas pero si acudimos a Él, Él va a sanar y restaurar nuestro corazón y nos hará reconocer la fuerza de su Palabra.
Sólo en esa experiencia con la persona de Jesús, sentimos que el Espíritu Santo nos unge para llevar la Buena Nueva a los pobres, proclamar la liberación a los cautivos, dar vista a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. (Lucas 4,14)
Cuánta felicidad irradia nuestro corazón cuando está repleto del Amor de Dios! ¡Cuánta paz contagia el corazón que rebosa amor y concordia! Y esto requiere una sola cosa, el cuidado atento y continuo del primer y único Mandamiento: "Amarás al Señor, tu Dios, con toda tu mente, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas" (Dt 6,4).
No es indiferente, superficial, ni secundario cuidar o no el Amor, pues de ello depende que nuestra vida sea feliz, aquí y ahora, temporal y eternamente. (Dt 30,19b-20).
María, la madre llena de Gracia, nos anime en nuestro apostolado a ser los compañeros también de nuestros hermanos que sufren.



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