Sé pobre como María para dejarte llenar de su gracia

Os 2,16.21-22; Is 12,3 

Por eso, ahora la voy a conquistar, la llevaré al desierto y allí le hablaré a su corazón. Os 2,16 Yo te desposaré para siempre. la llevaré al desierto y allí le hablaré a su corazón. Os 2,16

Yo te desposaré para siempre. Is 54,5
Justicia y rectitud nos unirán, junto con el amor y la ternura, Yo te desposaré con mutua fidelidad,22 y conocerás quién es Yavé. Os 21-22
Y ustedes sacarán agua con alegría, de las vertientes de la salvación. Is 12,3
María ¿qué tenías en el corazón para poder llenarte de todas las gracias? Sólo guardaba la Palabra de Dios, soy la que me dejé llevar al desierto y ahí Dios pudo conquistar mi corazón. En el desierto no hay nada, sólo Dios y y ahí es donde puede obrar Él, y desposarme para siempre, ahí conocí su amor y su ternura para conmigo y todos los seres de la tierra.

Soy la mujer impulsada por el AMOR-VIDA, en el continuo diálogo con el Amado de mi alma, Él es todo para mí, como yo soy todo para Él.

La mayor pobreza es la disponibilidad del corazón para hacer la voluntad de Dios.

Ayer hablabas de un hombre que se quedo colgado en una rama y decía ¡Si eres Dios, Sálvame! ¿Por qué no nos soltamos de nuestras ramas? Porque no tenemos confianza en la Palabra de Dios y estamos apegados a tantas ramas, que no queremos soltar, ¿a qué rama estoy sujeto? A mi orgullo, prepotencia, al trabajo, al tiempo, autosuficiencia, al que dirán, a mi poder de influenciar, a mi poder de seducción, del dinero? ¿Cuál es mi rama a la que me aferro y nunca estoy disponible para Dios y para los hermanos?, las ramas son buenas y necesarias, pero tienen que estar unidas al tronco que es Jesús, Palabra viva.

María como madre, amiga, esposa, compañera está atenta para ayudarnos en todas las circunstancias de nuestra vida y sabe todo lo que van viviendo y todas las dificultades de las personas que están a su alrededor, siempre en constante vigilancia, observa todo con sumo detalle por eso escucha, contempla, medita todo en su corazón, es la mujer de vida orante por eso nos lleva a todos en su corazón.
Y es la invitación que nuestra madre nos trae, el meditar todo lo que en nuestra vida va pasando, aprendiendo de ella, su diálogo con el Padre, no se queda con nada.
María no busca consuelo, ella es la consoladora, ahí ella demuestra ese dialogo con el Padre. ¿Yo medito con el Padre todo lo que voy viviendo?
La alegría de María es ver a sus hijos felices, sacando agua con alegría,
de las vertientes de la salvación. Is 12,3, que da la Palabra de Dios, el meditarla, y hacerla vida.
Un corazón pobre como María, es el corazón dispuesto a hacer la voluntad de Dios.
 

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