Pautas viernes


El Espíritu Santo nos hace ser misioneros que perseveran sin desanimarse
El domingo pasado celebramos la fiesta de Pentecostés, donde podemos constatar una certeza que será en todo momento nuestro punto de apoyo. Arquímedes decía: Dame un punto de apoyo y moveré el mundo. Tenemos un punto de apoyo que nos hace no solo mover el mundo, sino que mueve nuestra vida y la dinamiza más allá de lo que nosotros podamos pensar o imaginar (Ef 3,20). Estamos en el tiempo del Espíritu Santo, eso no podemos perder de vista, es el tiempo favorable, tiempo de dejar que en nuestras vidas el Espíritu Santo sea el Espíritu Santo en nosotros, que nos haga misioneros convencidos y enamorados verdaderamente humildes, poseídos por él. Pues el Espíritu Santo es el punto de apoyo que todos tenemos para poder ser misioneros que perseveran sin desanimarse.
Orar desde aquí es otra cosa, es abrirnos a la Esperanza que no falla (Rm 5,5). Esperanza que se traduce en riqueza, en fortaleza, en entusiasmo, en fuerza para perseverar, en nuevo ímpetu, nuevo ardor en nuestro interior. Hoy el Espíritu Santo quiere hablar con nosotros sobre la perseverancia, perseverar sin desanimarnos. ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Para qué? Quizás nos sorprenda este tema, nos descoloque un poco, o nos gustaría que nos hablara de otro tema más inmediato o más urgente, de más interés para nosotros. ¡Qué bueno poder no pasar de largo ante las insinuaciones del Espíritu, porque él nos enseña a orar como conviene y de esta manera perseverar en la oración, en ese hilo conductor que nos va trazando él mismo y que nos llevará a buen puerto si somos fieles y nos dejamos conducir!
Como discípulos – misioneros de la Palabra de Dios, el Espíritu nos empuja con gemidos inenarrables, a perseverar en el Carisma Verbum Dei. Es nuestra esencia, lo que nos hace ser felices, plenos y pletóricos. San Pablo exhorta a Timoteo: Dedícate a la lectura, a la predicación y a la enseñanza. No descuides el don espiritual que recibiste mediante una intervención profética, cuando el grupo de los ancianos te impuso las manos. Ocúpate de estas cosas y fíjate en lo que dije; así todos serán testigos de tus progresos. Cuida tu conducta y tu enseñanza; persevera sin desanimarte, pues actuando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan”. (1 Tim 4, 11-16)
Son algunos verbos que nos hablan de a qué perseverar, en qué:
Dedícate: Pegúntale al Espíritu Santo por qué te dice dedícate. ¿Cómo está siendo tu dedicación? ¿Te estás dedicando? Nos exhorta a tres cosas: a la lectura de la Palabra, a la predicación y a la enseñanza. Es una dedicación centrada en la Palabra, a poner toda nuestra mente, nuestro corazón y nuestras fuerzas no solo a hacer actividades sino a estar acaparados por la Palabra, porque nos podemos convertir en misioneros light, sin profundidad de vida, sin una espiritualidad honda que nos vaya consolidando. A cada uno el Espíritu Santo nos abrirá el entendimiento sobre esta Palabra, y esto que nos dice, de acuerdo a nuestra necesidad.
No descuides: Es fácil enredarnos en nuestras propias penas y nos lleva a descuidar el don espiritual que hemos recibido. Calculamos, medimos, con facilidad decimos no a lo que se nos propone y que de alguna manera es para nuestro bien. Todo esto, no lleva a descuidar el don recibido. Podemos vivir sin darnos cuenta descuidados, creyendo que vivimos el don y a lo mejor lo hemos dejado al margen. Pues, el Espíritu Santo está atento a lo que necesitamos y a lo que nos conviene, por eso viene en ayuda de nuestra debilidad, en donde más débil estamos para fortalecernos, y perseverar en el CARISMA VERBUM DEI sin descuidar.
Ocúpate: Es verdad que podemos estar ocupados, tener muchas ocupaciones, pero nos pueden estar minando el gozo del Espíritu Santo, el enamoramiento, el ser misioneros y puede que perseveremos, o que creamos que estamos perseverando pero desanimados. Este día es para tomarnos el pulso de nuestro enamoramiento ¿Cómo está? Todo depende de si estoy animado o desanimado. El desánimo no es fruto del Espíritu Santo, ni expresión del amor; es fruto de tener y estar atendiendo a tantas ocupaciones que nos gastan, nos desgastan, y como dice una canción: nos dejan flacos, cansados y sin ilusiones… Este ocúpate es centra tu corazón, tu mente en esas cosas y fijarnos, vivir de lo que él nos dice.
Así todos serán testigos de tus progresos: Nuestra vida está llamada a ser misionera. Somos misioneros y es necesario que nuestra perseverancia se note, haga de los demás testigos de nuestros progresos: que nos vean que progresamos en nuestra oración, testimonio de vida, en el ejercicio de cruz, que no nos desanimamos en las pruebas, en la adversidad, que perseveramos en el anuncio. Somos llamados a causar fuertes interrogantes irresistibles: Pablo VI, decía. Éstas vidas fieles hacen plantearse ¿Por qué son así? ¿Por qué viven de esta manera? ¿Qué es o quién es el que los inspira? ¿Por qué están con nosotros? Continúa diciendo Pablo VI: Este testimonio constituye ya de por sí una proclamación silenciosa, pero también muy clara y eficaz de la Buena Nueva.
Cuida tu conducta y tu enseñanza: A veces nuestra conducta parece que no es tan importante cuidarla, es decir, trabajarla, porque pensamos que si salimos a los demás como somos realmente, es libertad, sin embargo puede ser dejadez o descuido que nos lleva a una burdeza de vida. Por eso el examen del día es vital, nos ayuda a estar en esa perseverancia a lo que el espíritu nos dice, a no pasar por encima de nosotros mismos y estar en un continuo trabajo personal. Nuestra conducta es la ventana por donde los demás se asoman para encontrarse con Dios. A la Madre Teresa le decían: Si Dios existe debe parecerse a usted, pues también a nosotros nos pueden decir: si Dios existe debe parecerse a ti.
Por otra parte cuidar nuestra enseñanza: La formación como misioneros no puede quedarse estancada, con lo que recibimos en nuestros primeros años de formación, necesitamos actualizarnos, ponernos al día y dedicarle tiempo, ser misioneros humildes que buscan la formación, siempre necesitamos estar en formación constante, porque vamos creciendo, nuestra madurez como misioneros depende de la formación que vayamos teniendo. Por eso, hoy más que nunca se ve necesario no descuidar nuestra formación para responder a los signos de los tiempos y a los retos de una sociedad secularizada.
Persevera sin desanimarte: La perseverancia en el verdadero seguimiento de Jesús, requiere de una interminable paciencia, tanto en el proceso espiritual propio como el de los demás. La paciencia es fruto  del amor verdadero de Dios y este amor hunde sus raíces en la verdadera humildad. Desde este amor (1 Cor 13,4-8) El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo. El amor nunca pasará.
Pidámosle al Espíritu Santo, el don de la perseverancia sin desanimarnos, y que nos siga haciendo misioneros convencidos y enamorados, verdaderamente humildes para nuestro mundo.

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