Es llenarte de Gracia, porque para Él nada es imposible”



 Is 61,10-11; Lc 1,26

Nos decían en la Escuela de la Palabra que  ver a Jesús hecho Eucaristía, es ver nuestra vida en Él, totalmente amada, rescatada y redimida por todo. Todo nuestro ser hecho Cuerpo de Cristo, SU CUERPO Y SU SANGRE. Porque al comprarnos nos ha redimido y nos ha hecho uno con él. Somos el sacrificio vivo y santo de Jesús Eucaristía.
Si nuestra vida ya esta rescatada y redimida, nosotros le pertenecemos al Señor, ¡Que hermoso, que confianza, que paz, que descanso da cuando  nos hacemos conscientes de esta gran Verdad para nuestra vida!  Y esta entrega es constante, es permanente, porque el Señor no cesa de darse, de entregarse por nosotros para hacernos sacrificio vivo y santo con El.
Los medios que ha puesto en nuestras manos para hacernos sacrificio vivo y santo con El,  son los Sacramentos: en el Sacramento de la Reconciliación nos entrega su Perdón que nos renueva, que nos limpia el corazón… “dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”, Y se entrega en cada Eucaristía en la forma de Pan para vivir en nosotros, “el que me come vivirá por mi” Jn 6,57 para que tengamos Vida en El.
Esta semana estamos contemplando a Jesús Eucaristía: Sacrificio y Ofrenda para hacernos uno con El.
A mí me ayuda mucho para “refrescar” en mi vida el sacrificio de Jesús, ofreciéndose al Padre por mi ,orar el Salmo 118.

las aguas de la muerte me envolvían, los torrentes devastadores me aterraban; las redes de la muerte me cercaban, ante mi estaban tendidas trampas mortales…..Desde los alto su mano me tomó, y me rescató de las aguas profundas…Me libró de enemigos poderosos, de enemigos más fuertes que yo…el Señor vino en mi ayuda, me sacó a un espacio abierto, me salvó porque me amaba”.
Podía haberme perdido, haber muerto eternamente, pero el Señor vino desde lo alto para rescatarme de las aguas profundas.

“Por eso salto de alegría delante de Yavé, y mi alma se alegra en mi Dios. Pues El me puso ropas de salvación y me abrigo con el chal de la justicia”. Is 61,10

Si, es para saltar de alegría, pues el Señor me abrigó, me tomó en sus brazos, hizo justicia en mi vida frente a esos enemigos que querían mi muerte. El Señor me salvó porque me amaba.

Y así El viene a salvar a todos. Hoy día nos llama a acercarnos a Él, para alegrar nuestra alma, porque el pecado, nos hace vivir tristes, amargados, viendo enemigos por todos lados, desconfiando, celando,  haciéndonos la vida más difícil unos a otros y sobretodo nos separa de Él, de su Gracia, de la Vida Eterna.

Cuando nos acercamos a Jesús en el sacramento de la confesión, su perdón nos cambia la vida, nos hace dejar atrás ese  peso enorme que nos tenía encorvados, viviendo en la oscuridad, nos da ánimo y esperanza para empezar de nuevo, nos pone en el camino de la santidad nuevamente, de la Gracia.


Y entonces….”asi como brotan de la tierra las semillas o como aparecen las plantitas en el jardín” así aparecemos nosotros cuando volvemos al mundo, tiernas, regocijantes de amor, de agradecimiento a nuestro Padre Dios que nos ha abrigado y va haciendo brotar de nuestra vida “su  justicia y alabanza a la vista de todas las naciones”.

Y El amor de Jesús que recibimos en la Eucaristía, cuando nos toca, transforma en nosotros todo lo que hay de oscuro, de torcido, de enfermo, de seco, de frívolo y vacío,  de todo  lo que el mundo va impregnando en nosotros,  en alegría, en esperanza, en fe, en amor. porque es Jesús Pan de Vida que porque nos ama nos viene a dar su misma Vida para no dejarnos arrastrar por la corriente del mundo .”El Pan que yo les daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo”. Jn 6,51
¿Que nos toca hacer a nosotros para corresponder tanto amor si dicen que “amor con amor se paga?”
Ejercitarnos en el amor, ser sacrificio y entrega viva. Pero para ser una ofrenda viva agradable a Dios, tenemos que ser como Jesús, transformarnos en otros cristos.
“Les ruego pues hermanos ofrezcan su propia persona como un sacrificio vivo y santo capaz de agradarle; no sigan la corriente del mundo en que vivimos, sino transfórmense a partir de una renovación interior así sabrán distinguir cual es la voluntad de Dios lo que es bueno, lo que le agrada, lo que es perfecto” Rom 12, 2
Para renovarnos interiormente necesitamos orar constantemente, la oración nos lleva a examinar nuestro corazón, y examinando nuestro corazón muchas veces encontramos cuán lejos estamos de lo que Dios quiere para nosotros, nos encontramos pecadores, miserables, infieles, y nos da un dolor tan grande de corazón que corremos al confesionario, para llorar nuestros pecados y pedir perdón al Señor, por haberle ofendido, a El que nos ama tanto.
- le decía al Señor: Antes de conocerte y amarte por la Palabra, mis confesiones eran tan diferentes, iba para estar más tranquila, porque tenía que confesarme para poder comulgar, pero ahora cada confesión la hago con lágrimas, porque me duele herirte, por no amar a mis hermanos  como tú me amas, por no poder cambiar, por repetir las mismas cosas, pero qué grande es encontrarme  ahí con tu perdón que me consuela, que me abraza, me abriga, que me dice que mi vida no es un imposible para ti, y me llenas de tu Gracia para cambiar, y después me doy cuenta  que  son menos las veces que caigo porque al recibirte en la Eucaristía encuentro la fuerza de tu sacrificio, de tu amor entregado en la cruz que venció al pecado, viviendo en mi para renunciar a todo lo que se opone a tu voluntad-.
A veces nos pasa que creemos que no tenemos pecados que confesar, Dice san Juan:
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.  Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. 1Jn 1,8
Pero también algunos nos encontramos tan pecadores que creemos que Dios no nos puede perdonar, por eso la gran noticia hoy día es que para El nada es imposible, no hay pecado que Él no perdone, el dijo, “yo he venido por los pecadores” es por ti y por mí que El vino, nos amó y se entregó por nosotros así como somos… No te quedes mirando tu pecado, mírale a Él, acércate a Jesús Eucaristía a beber de su amor entregado en la Cruz por ti, reconcíliate con tu vida, con los que te han herido, con ese pasado que no se quiere ir, que está presente para robarte la dicha de tener a un Jesús resucitado que da la vida por ti.  “El ladrón  solo viene a robar, matar y destruir, mientras que Yo he venido para que tengan Vida y la tengan en plenitud” Jn 10,10
Por eso “Alégrate la Gracia del Señor está contigo…. para Dios no hay nada imposible”
 “Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado. ¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta? Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados”. Is 43, 18-19
Alégrate ¡regocíjate y que tu corazón este de fiesta…! No tengas ningún miedo… ¡Yavé, tu Dios está en medio de ti, el héroe que te salva! …Sofonías 3,14.16-17
Que nuestra Madre nos bendiga y acompañe a recibir el Perdón y el Cuerpo y la Sangre del Señor que nos hace ser justicia y alabanza a la vista de todas las naciones.
Dios nos bendiga.
nila

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