Pautas lunes

"Comieron hasta saciarse"
Qué bueno es acercarse a la Palabra de Dios con hambre, porque entonces nos podemos saciar, no esperemos más, este es el día en que Tu Dios te puede saciar y podemos experimentar como el salmista que su palabra realmente nos deleita: "En tus preceptos tengo mis delicias, no olvido tus palabras. Abre mis ojos para que contemple las maravillas de tu ley"(sal 119,16-18). Y es la petición que toda la semana se la he hecho a Jesús Eucaristía: Abre mis ojos, abre mi mente, abre mi corazón, mis oídos, para que tu vida abundante me sacie y no viva escasa de tu Amor y de tu Vida.
Cada día tenemos la oportunidad de elegir alimentarnos de su Vida Eterna, le decía en estos días al Señor: Hazme trabajar Señor por el alimento que sacia, que pueda elegir en el vivir cotidiano tu alimento duradero, porque lo otro es comida que perece, que no sacia, que cada día elijamos esperar más en Dios porque eso es ir a la fuente correcta, lo otro son pozos secos. y el primero que está interesado en alimentarnos bien es nuestro Dios. "Quién tuvo a Dios tan cercano como lo tenemos nosotros, siempre que lo invocamos?" (Dt4,7). Me acordaba de un momento en esta semana en que me acercaba a Jesús Eucaristía realmente muy necesitada de él y le expresaba mi sed y después de un rato de silencio él me respondía con estas palabras: "Día a día yo te brindo mi amor" (Sal 42,9) y me hacía caer en la cuenta de momentos sencillos, pequeños, donde me hace ver expresiones de su amor que salen de mi propia vida y que veo en los demás. Entonces le respondía lo que dice el salmista: "De noche daré mi alabanza al Dios de mi vida" Y en mi examen del día me preguntaba el Señor: Estos momentos cómo te has sentido?, cómo los has vivido? y yo sencillamente reconocía que me han llenado por dentro.
Eso es lo que importa, tanto si son momentos pequeños, o si son grandes momentos. A veces después de una larga jornada de trabajo terminamos cansados, con deseos de llegar a la casa para descansar, sin embargo, de otra manera, la jornada continúa. Incluso tenemos que compartir la Palabra en un grupo, en una fraternidad, las personas están esperando para que les demos de comer. Y qué grande porque nuestro Dios que está también con el deseo de alimentar a los suyos nos dice: Yo te renuevo las fuerzas para que compartas el alimento de mi Palabra. Nuestro Dios "fortalece al que está cansado, da energías al débil, los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas" (Is41,29-31). Son momentos de eternidad donde uno reconoce que realmente las fuerzas, las palabras, la gracia viene de Dios y no de nosotros porque él es nuestra fuente.
Algo parecido quizá estaban viviendo los discípulos en aquel momento en que le dijeron a Jesús: despide a la gente, porque ya se hizo tarde, que vayan a los pueblos vecinos a buscar comida. (Marcos6,35-44). Quizá estaban cansados después de una larga jornada de trabajo, acompañando al Maestro, estando en función de la gente. Pero justamente cunado se presenta una necesidad mayor, que no saben cómo solucionar le dicen a Jesús: Que se vayan a los pueblos vecinos. Así a veces nos pasa a nosotros cuando vemos una necesidad en las personas, pensamos, yo no tengo las palabras, la fe, la formación para ayudar a esta persona, o en esta situación, necesito más preparación, más tiempo y mandamos a las personas donde las misioneras, o donde la persona que digo, tiene más fe, más capacidad, que ellas les den la comida. Sin embargo Jesús les dice a los discípulos y nos dice a nosotros: "Denles ustedes de comer". Imagínate me decía Jesús, si la persona que se acercó a ti por primera vez se hubiese puesto a pensar: no estoy preparada, no tengo fe, no tengo palabras, etc, etc. qué habría pasado?, dónde estarías tú?. Y yo le respondía a Jesús, pues seguiría en mi gallinero, como ese aguilucho, con capacidad de volar más alto en la vida, pero conforme con sobrevivir, con una vida bien, pero no realizada, sin más horizonte, sin desplegarla totalmente. Esa persona que vio por primera vez nuestra vida, y descubrió nuestra hambre y sed de amor, de sentido, eternidad, se arriesgó a sacra los pedacitos de pan que tenía y entregárselos con generosidad a Jesús. Y eso fue suficiente para darnos nuestra primera comida, para despertar en nosotros el hambre de Dios.
Ante esta pregunta de Jesús: "Cuántos panes tienen?, Vayan a ver...." no podemos decir no tengo nada, porque él nos ha dado mucho. No nos está cobrando, pero si haciendo reconocer lo mucho que tenemos y podemos darle para saciar el hambre de los que tenemos a nuestro alrededor. Los discípulos fueron honestos y reconocieron que tenían cinco panes y dos peces y se los presentaron a Jesús. Entonces Jesús mandó que todos se sentaran en grupos y pronunció la bendición..... yo todos comieron hasta saciarse.
Creo que los más sorprendidos de esto fueron los discípulos, la gente no sabía cómo consiguieron el alimento, solo comieron hasta saciarse, pero Jesús y los discípulos si que lo sabían, de esos dos peces, de eso que yo creía que era poco! comieron hasta saciarse? es lo que nos pasa a nosotros: con esto comieron hasta saciarse? Es que hay tanta hambre!, que eso que yo considero poco para el otro es suficiente y hasta sobra para compartir a otros.
Pidamos a nuestra Madre, ella que es la mujer de fe, que nos aumente cada día la fe, para creer en el valor de nuestra entrega y le presentemos a Jesús aquello que él mismo nos ha dado para dar vida a otros, para dar a las personas este alimento de Vida Eterna que sacia el hambre de Dios.
 
"Uno crece ayudando a sus semejantes, conociéndose a sí mismo y dándole a la vida más de lo que recibe"
MònicaFMVD

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