“Nos da su Amor como esencia para ser sal de la tierra y la luz del mundo”.



(Mt 5,13-16)

Las imágenes de la sal y de la luz, en la antigüedad se consideraban como elementos esenciales de la vida humana, Así el Señor hoy día nos invita a ser “elementos esenciales”,  en la tierra.

Tenemos un llamado: Ustedes son la sal de la tierra....". EL Señor nos está encargando la misión de dar sabor, de sazonar con la Vida nueva que El nos regala en la Eucaristía,  a cada lugar donde vayamos, y en cada momento que tengamos la oportunidad de ser sus manos, sus pies, su boca, su ternura, su abrazo, su compasión, revelarnos como el sabor de su Amor.  
“Que su conversación sea agradable y no le falte su granito de sal. Sepan contestar a cada uno lo que corresponde”. Colosenses 4,6
Y así como la sal también se usa para conservar los alimentos, así también a nosotros como sal de la tierra  el Señor no encarga conservar el depósito de la Fe, de la Esperanza, del Amor, ¿Cómo?...permaneciendo en El, en su Palabra, en los Sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía, para que el mundo le conozca como realmente El es a través de nuestra vida “sazonada” por el encuentro personal con El.

“Conserva el precioso depósito  con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros”
 2 Tm 1,14).

"Ustedes son la luz del mundo....".Nadie enciende una lámpara para taparla con un cajón; la ponen más bien sobre un candelero, y alumbra a todos los que están en la casa.

En un mundo que camina entre sombras y tinieblas el Señor ha encendido en nosotros la Luz de la Verdad, por la Palabra, por la Eucaristía nosotros hemos salido de oscuridad, estábamos ciegos y ahora podemos ver, el seguirlo nos ha sacado de las tinieblas.

 "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8,12).

Ahora tenemos Luz para caminar por el mundo  somos reflejo de su Luz, El nos ha puesto como luz para el mundo, no podemos  privar a nuestros hermanos conocer a Cristo luz del mundo” , seriamos malos, ellos tienen  derecho también a conocer la Luz del evangelio, a conocer a Jesús, a disfrutar de su luz.
“Hagan, pues, que brille su luz antes los hombres; que vean estas buenas obras, y por ello den gloria al Padre de ustedes que está en los cielos.”
Estamos llamados a ser misioneros de palabra y de obra, ser luz cuesta porque hay que quemarse,  a mí me hacía ver el Señor la  figura de  una vela que para alumbrar primero se tiene que quemar la mecha, y así se va consumiendo y mientras se va consumiendo, va alumbrando, así  tendría que ir nuestra vida ir  consumiéndose para las cosas de este mundo, lo  terrenal y  en ese proceso, los demás vayan viendo  su amor, su Luz a través de  las buenas obras, ser testigos creíbles  para dar gloria al Padre que está en los cielos.


“¡A ustedes les corresponde ser los centinela de la mañana (cf. Is 21, 11-12) que anuncian la llegada del sol que es Cristo resucitado!!” (B. Juan Pablo II)

“El encuentro personal con Cristo ilumina la vida con una nueva luz, nos conduce por el buen camino y nos compromete a ser sus testigos. Con el nuevo modo que Él nos proporciona de ver el mundo y las personas, nos hace penetrar más profundamente en el misterio de la fe, que no es sólo aceptar y ratificar con la inteligencia un conjunto de enunciados teóricos, sino también asimilar una experiencia, vivir una verdad; es la sal y la luz de toda la realidad (cf. Veritatis splendor, 88).

Es necesario retomar en nuestra vida el llamado de Jesús a ser Luz, a ser Sal de la tierra, ser la esencia del amor que este mundo necesita, y esa esencia tiene su origen en nuestra amistad con Jesús, en la permanencia en El,
“Este es el mensaje que hemos recibido de El, y que les anunciamos a ustedes: Que Dios es luz y que en El no hay tinieblas. …si caminamos en la luz lo mismo que El está en la luz estamos en comunión unos con otros”.  1Jn 1,5.7

 "No se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón"
El sentido de nuestra vida, es vivirla siendo un reflejo de la Gloria de Dios, del Amor que le tiene a la humanidad, la Luz de su Amor tiene que llegar a todos, no lo podemos esconder por miedo o egoísmo,  nosotros somos los encargados de llevar esa Luz en nuestra persona, esa es nuestra gran misión.
"Un nuevo siglo y un nuevo milenio se abren a la luz de Cristo. Pero no todos ven esta luz. Nosotros tenemos el maravilloso y exigente cometido de ser su ‘reflejo’"
 (Carta apostólica Novo millennio ineunte n.54).
“Cristo los llama, la Iglesia los recibe como casa y escuela de comunión y de oración. Profundicen en el estudio de la Palabra de Dios y dejen que ella les ilumine la mente y el corazón. Tomen fuerza de la gracia sacramental de la Reconciliación y de la Eucaristía. Traten asiduamente con el Señor en ese "corazón a corazón" que es la adoración eucarística. Día tras día recibirán nuevo impulso, que les permitirá confortar a los que sufren y llevar la paz al mundo. Son muchas las personas heridas por la vida, excluidas del desarrollo económico, sin techo, sin familia o sin trabajo; muchas se pierden tras falsas ilusiones o han abandonado toda esperanza. Contemplando la luz que resplandece en el rostro de Cristo resucitado, aprendan a vivir como "hijos de la luz e hijos del día" (1 Ts 5,5), manifestando a todos que "el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad" (Ef 5,9). (Bto. Juan Pablo II).

Dios y nuestra Madre Santísima nos bendigan.

Nila


 

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