Pautas lunes

“Quiero que estés conmigo donde yo estoy”
Orando esta semana este extremo de amor de nuestro Dios venían a mi mente tantos momentos de estar ante Jesús en el Sagrario creyendo profundamente en su poder transformador y su poder de darnos vida abundante porque es ese manantial que no para de correr, no se detiene hasta que esa Vida nos llegue a todos.
Y me daba cuenta que una de las transformaciones más grandes que esos diálogos con Jesús en la Eucaristía hace es recuperar nuestra identidad y dignidad de Hijos. Como bien dice San Pablo en la carta a los Romanos: “Ustedes no recibieron un espíritu de esclavos para que vivan  en el temor, ustedes recibieron un espíritu de hijos” (Rm8, 15-17).  El confirma  nuestro ser hijos con el más grande deseo de que nosotros estemos donde él está (Jn17, 24), es decir a vivir en comunión con él.
¿Qué significa comulgar con Jesús Eucaristía? Es la mayor declaración de amor  y de confianza de su parte porque nos está invitando a una relación de intimidad y cercanía más fuerte. En esta semana nos hablaban de ese pan caliente de su amistad y esa agua que él tiene preparada para dar al cansado, al que se encuentra débil, etc.  Es ahí donde empieza esa relación de intimidad y cercanía, en el silencio de nuestro ser, cuando estamos experimentando el desierto y podemos escuchar el susurro suave de su voz que se dirige a nosotros como sus amigos de siempre.
Solamente desde esa relación a la que nos ha estado llevando nos muestra los caminos para lograr esa mayor comunión, identificarnos con Jesús en esos caminos de obediencia a la Voluntad de Dios. Y él me preguntaba en esta mañana: ¿Qué es para ti mi voluntad?, ¿encuentras realmente un gozo profundo en hacer mi voluntad?
A veces escuchar estas palabras nos da un poco de escalofrío, porque tenemos falsas imágenes de lo que es hacer la voluntad de Dios, porque nos suena a sacrificio, sufrimiento, etc. Sin embrago el Señor  nos recuerda de tantos momentos en que nos hemos fiado de su llamada, de sus propuestas y hemos comprobado que realmente su voluntad es lo mejor que le puede pasar a nuestra vida, que realmente cuando le hacemos caso a él los que salimos ganando somos nosotros, y al final aunque nos haya costado un poco de lucha, renuncia a nuestros valores y criterios, el gozo y la paz que hemos experimentado han sido más grandes y hemos dicho: realmente valió la pena hacerte caso Señor, como dice el Eclesiástico 2,10: “¿Quién que confió en Dios ha quedado defraudado?, ¿quién que perseveró en su temor fue confundido”. ¿Has quedado defraudado alguna vez frente a las propuestas que Yo te ha hecho?
Jesús Eucaristía se atreve a proponernos una vez más estos caminos porque él los ha vivido. Lo que le llevó a hacerse Eucaristía fue esa obediencia amorosa al Padre, y este es el ingrediente  necesario: el amor a nuestro Dios que tanto bien nos ha hecho, que tantas bendiciones nos ha dado en nuestra vida, que tanta paciencia nos tiene y tanto cree en cada uno de nosotros. Lo más grande es que quien nos propone estos caminos es Alguien que se hizo uno de nosotros, no fue un ángel, sino un hombre que supo lo que es la realidad humana.  El no se fijó en lo que le iba a costar sino en el gozo que le estaba reservado: “Cuando era maltratado él se sometía y no abría la boca, como cordero llevado al matadero…enmudecía y no abría la boca…” (Isaías53, 7)
Con estas palabras venían a mi mente personas que en estos momentos estás siendo fuertemente atacadas por el cáncer, niños, que están luchando a su corta edad con esta enfermedad mortal, y se me hacían vivas estas palabras, están siendo maltratados  por la enfermedad, y ellos se están sometiendo a todo tipo de tratamiento, y no abren la boca, no tienen fuerza. Y sus familias les animan a seguir adelante  algunos con mucha fe, y otros sin tener fe, pero aferrándose a la vida. Y Jesús en la Eucaristía me decía: estos hijos míos están comulgando conmigo, y yo estoy unido a ellos profundamente.
Quizá nosotros no estamos pasando por momentos así, pero el Señor nos invita a que en nuestro vivir cotidiano optemos por vivir nuestro ser hijos como Jesús y acojamos los caminos de hacer su voluntad en lo que a cada uno nos toque vivir.  ¿Cuál es tu voluntad Señor con mi vida en este momento? La voluntad de Dios no es que hagamos cosas, que funcionemos, a él no le interesa que produzcamos, sino que vivamos  en una relación de confianza. La relación a la que nos está invitando no es funcional: lamentablemente en muchas relaciones nos limitamos a preguntarnos: hiciste el trabajo que tenías que hacer?, ¿te salió bien? El Señor no se queda en el hacer con nuestra vida, como un jefe que apenas nos ve nos dice: ¿el grupo que llevas está bien?, ¿la convivencia salió bien?, pero no te pregunta si ¿tú, estás bien, cómo estás tú? Me acordaba de una experiencia que alguien me compartió en estos días que le pasó en su trabajo, y fue que su jefe le empezó a regañar por un erro que se había cometido, y lo regañaba delante de todos los compañeros, pero esta persona optó por quedarse callado, al final sus compañeros le decían, ¿por qué te quedaste callado, por qué no le dijiste nada?
Y él después nos compartía que en ese momento lo que él estaba experimentando era una gran compasión por su jefe, no sintió humillado, sino conmovido.  El se quedó callado no por temosa perder el empleo, ni por cobardía, sino que hizo una opción por amar. En esos momentos se estaba uniendo al sentir de Jesús: Él compartía la naturaleza divina, y no consideraba indebida la igualdad con Dios, sin embargo se redujo a nada, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Y encontrándose en la condición humana, se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fp2,6-8)Obedecer a la voluntad de Dios es obedecer a su voz, y lo que nos pide es que nos quitemos los miedos y las falsas imágenes y estemos dispuestos en lo cotidiano a escuchar su voz. El nuevamente nos pregunta: ¿Quieres estar conmigo donde yo estoy?, ¿qué te hace poner freno a la hora de la entrega?, ¿qué te hace falta para acoger estos caminos? Y uno se da cuenta que lo que nos hace falta es alimentarnos fuertemente de su Palabra, dejarnos fortalecer por su amor, y darle un voto de confianza.
La obediencia a la voluntad de Dios que nos hace Eucaristía en nuestros ambientes  es la obediencia de hijos, no de siervos, es correspondencia de hijos,  en una relación amorosa con el Dios que lo ha dado todo y lo sigue dando todo por cada uno de nosotros y por cada hijo.
Cómo pagarte Señor tanto amor y confianza que nos tienes al querer unir nuestra pobre vida a la tuya. Gracias Señor por tu amor creyente y como dice un himno: Aunque lo que espero de ti mi hijo,  no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera.

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