Pautas viernes

Los que adoran al Padre lo hace en Espíritu y verdad

Juan 4,15-25
Te damos gracias Señor, porque eres bueno con nosotros, siempre me alegraré de tu presencia y me gozaré de tus favores con que nos colmas día a día. ¿Cómo te pagaré Señor tanto Amor que nos das?
Le pedía al Señor en la oración, ¡Dame de beber esa agua que sacia la sed infinita que tenemos de Ti! Que tú seas nuestro único Dios y Señor, que como novia te siga apasionada por el desierto de mi corazón, como en los días de mi juventud y que te siga aún es esas tierras sin cultivar (Jeremías 2,2).
Cuando tú me encontrarte Señor, en el borde del pozo de mi vida, y me dijiste ¡Dame de beber!, qué alegría me dio, que todo un Dios, tenga sed de mi Vida, de mi alma y te haces el mendigo ante el pozo vacío de mi corazón, y me invitas a beber del tuyo, esa agua viva que si decido tomarla se convertirá en ríos de agua abundante para mí y para quienes se acerquen a mi vida y me invitas a beber tú conmigo y yo contigo y ahí en diálogo aprender de ti, a beber tu Palabra que realmente contiene ríos de VIDA-AMOR.
Tú Palabra no es como los tantos maridos que he tenido y me han ofrecido gozos, placeres, amores, dinero, puestos, que me sirvieron para no verte en mis hermanos y tratarlos mal, por eso nunca cumplieron su promesa de hacerme feliz más tú lo que me dices no sólo se cumple sino que me capacitas cómo seguirte de cerca en la oración y me das la fuerzas para vivir y anuncia tu Palabra, como lo hiciste con la samaritana.
Gracias porque en la oración me hablas simple y sencillamente de mi realidad y siento que tu Palabra me transforma y quiero vivirla ahí donde esté y como esté, aunque sea postrada en mi cama o en mi pecado, te ruego aunque sea dame de comer de las migajas que caen de tu mesa (Marcos 7,28)
Los verdaderos adoradores, adorarán al Padre, en espíritu y en verdad, porque Él le ha parecido bien quedarse en nuestro corazón y es Espíritu, y ahí no le podemos fabricar templos hechos por manos humanas, nuestro corazón está hecho por sus manos y por eso lo amas y lo comprendes, para que cuando dialogue con Él, cierre las puertas y ahí con Él le hables de los secretos que Él ya sabe, pero quiere a partir de mi realidad transformarme en la imagen de su Hijo, Él es el que te habla, Él es el Mesías que esperaba tu corazón, Él es el Dios con nosotros que vive y habita en nosotros.
María Madre del Redentor que sacia nuestra sed, enséñame a orar, a beber de la fuente que sacia la necesidad del Amor infinito de mi corazón, y enséñame a beber de su Palabra, para dar de beber también a cuántos se sientan sedientos en el borde del pozo de mi Vida.



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