Eres administrador de la múltiple Gracia de Dios



1Corintios 4 1-5
Vean, pues, en nosotros a servidores de Cristo y a administradores de las obras misteriosas de Dios.  Si somos administradores, se nos exigirá ser fieles.  1Cor 4, 1-2

Somos fruto del Amor Trinitario, la Gracia se ha derramado sobre nosotros, por el Bautismo, (Rom 5,5) El ha  querido insertarnos en sí hacernos de su linaje por puro amor y misericordia. 

Al ser hijos suyos  hemos recibido la Herencia, tenemos dones y carismas, de los cuales nos ha hecho administradores. ¿Pero qué clase de administradores seremos? ¿Administradores fieles que dan la vida y los dones como los recibieron gratuitamente y por amor, sin esperar nunca nada a cambio, o administradores asalariados que miden su tiempo, que viven juzgando fijándose en los demás, que dan contando las cosas buenas  que hacen esperando la paga de acuerdo a su trabajo?. La buena administración que hagamos de las obras misteriosas de Dios, depende de lo que tengamos en el corazón.

Un corazón agradecido que ama a Dios y que reconoce que lo que tiene es por puro amor y  misericordia  lo único que va a querer es complacer a su Señor, trabajar sin cansarse, entregarse a su trabajo al igual que El, porque ve  a su Señor atento a lo que le pasa a la viña, que no la descuida ni un instante,  que quiere restaurarla, y por eso busca trabajadores incesantemente para ir a cuidarla para que de los frutos que está destinada a dar: abundantes y duraderos.
La fidelidad en la administracion de la Gracia de Dios, parte de un corazón enamorado del Señor,  que ora, que se encuentra con El cara a cara, en un trato a solas y en silencio, en un encuentro personal e íntimo, amoroso y profundo de corazón a corazón, esta relación solo puede dar frutos de humildad, de apertura,  de acogida y de disponibilidad para decirle:   “Aquí estoy aquí Señor, yo voy, envíame a mí,” tu viña es mi viña, todo lo tuyo es mío, Señor porque así tu me lo has dicho, porque así  ha sido tu voluntad.
Todo el día vemos lo que pasa en el mundo, en la viña del Señor,  pero nos falta mirarlo con los ojos del Padre, falta ver la realidad de otra manera, ponernos los ojos de la fe, situarnos en la llamada del Señor para ser administradores según su corazón. El ser fieles administradores solo lo podemos lograr desde el corazón del Padre, ir desde el envío que El personalmente nos hace.
Desde nuestra realidad personal, desde el lugar que estemos nos contrata, nos quiere hacer comprender que no nos podemos quedar sin hacer nada, la realidad exige nuestro compromiso personal con Él y con todos los hermanos…lo que nos pide es una respuesta de amor, maduro, no infantil emocional que al rato se aburre y se cansa y renuncia al trabajo, el Señor no pide una respuesta de amor maduro y responsable que le hace ser fiel. 
El Señor quiere hacer de tu vida un puente de su gracia para que llegue a todos los rincones del mundo, a esos lugares que nosotros los laicos llegamos, allí quiere llegar el Señor por eso  nos llama cuenta con nosotros y de nosotros depende que muchos le conozcan, y gocen de los Bienes del cielo, si somos fieles administradores muchos le conocerán,
Aunque tengamos miedo de que no nos entiendan, es algo natural porque la obra que se nos  encarga es de una envergadura grandiosa que nadie lo va a comprender porque es algo espiritual, sobrenatural que pocos lo aceptan, por eso mismo El nos acompaña no nos envía solos tenemos la promesa de Jesús: “Yo estaré contigo hasta el final de la historia”,  no vamos solos en este trabajo tenemos a la Familia Trinitaria que nos acompaña para ser buenos y fieles administradores de las obras de Dios.
“No importa como estés, no importa si hasta ahora habías guardado los dones, no importa, yo salgo nuevamente a buscarte, no importa la hora, si en la madrugada no me escuchaste, si a las  nueve estabas muy ocupada, si al mediodía tenias mucho trabajo, si a la tres estabas descansando, aunque sea a la undécima hora te sigo buscando, “ve a trabajar a mi viña, solo te pido fidelidad, el resto lo pongo yo, ve a trabajar te confió mi misión”. El Señor no se desanima con nuestros peros, con nuestras negativas, nuestros aplazamientos o postergaciones a su llamado, no, vuelve a salir una y otra vez a buscarnos, aunque sea a la ultima hora del día, quiere sacar de cada uno un administrador bueno y fiel y hacerlo pasar al Reino de los cielos.
Dios nos bendiga y Nuestra madre del cielo, nos acompañe a administrar los bienes que el Señor nos ha regalado con todo amor y  fidelidad. 
¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? 
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío, 
que a mi puerta, cubierto de rocío, 
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras, 
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío, 
si de mi ingratitud el hielo frío 
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía: 
«Alma, asómate ahora a la ventana, 
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, hermosura soberana, 
«Mañana le abriremos», respondía, 
para lo mismo responder mañana!
Lope de Vega.

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