Tú eres luz del mundo desde tu bautizo



Esta mañana me acercaba a la oración con la necesidad de pedirle al señor la gracia del encuentro con él, encuentro que hace posible el que podamos ser discípulos suyos. Un encuentro que avive nuestra fe y nos haga decir como Job: “Te conocía señor de oídas pero hoy te han visto mis ojos” Job.42, 5; como Tomás: “Señor mío y Dios mío” Juan 20, 28. Necesitamos encontrarnos con el Señor de tal manera que como Pablo sintamos que nada hay en la vida más valioso que el encuentro con Cristo, que el conocerle, seguirle y vivir con él y para él. Filipenses 3,7-8

Es la experiencia fresca del encuentro con nuestro señor lo que nos hace ser verdaderos discípulos, verdaderos cristianos, verdaderos hijos e hijas de Dios que son a la vez signo en medio de un mundo necesitado de la presencia de Dios, un mundo que nos grita: “Queremos ver a Jesús “Juan 12,21.

Ciertamente, viendo muchas realidades de nuestro mundo, nos brota un clamor desde lo profundo del corazón: “Padre venga a nosotros tu Reino”, a veces como súplica y otras, hay que decirlo con sinceridad, es casi un reclamo a Dios, porque a veces el sufrimiento de los hermanos, la confusión en la que viven otros, la degeneración del amor en tantos corazones no golpea profundamente. Sin embargo, esta mañana entendía de Dios, por medio de su palabra, que la persona de fe es la que sabe reconocer la acción de Dios en medio del mundo, a Dios mismo presente que sigue llamándonos y confiándonos el Reino, en medio de nuestra fragilidad: “No temas pequeño rebaño porque a tu padre le ha parecido bien confiarte el Reino” Lucas 12,32

Esta mañana Jesús nuevamente nos sale al encuentro y nos recuerda quienes somos para Dios, quienes nos ha hecho ser por su gracia:

13 Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Jesús nos llama la sal del mundo, somos quienes estamos llamados a impregnar de Dios el mundo, los ambientes que nos rodean, a fin de que ellos sepan a Dios, a Reino, ¡menuda tarea! Somos, además, llamados a evitar la corrupción esa corrupción que nace del corazón del hermano que ha dejado de aspirar a las cosas de arriba, como dice san Pablo en Colosenses 3. Estamos llamados a mantener la alianza entre Dios y los hombres. En el mundo antiguo, la sal se entregaba también en prenda, era signo de un compromiso establecido entre dos partes. Esta imagen me ayudaba para ver quienes somos en medio de nuestro mundo, puentes tendidos, por gracia de Dios, entre él y sus hijos. Es Dios mismo quien nos ha dado el ser sal y estamos llamados a vivirnos como tales.

Además el Señor nos recuerda hoy:

14 Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. 15Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

De sobra sabemos la necesidad de luz que hay en nuestro mundo, como la falta de claridad va acrecentando el extravío de tantos hermanos a diferentes niveles. Hay necesidad de que la luz encendida por Dios no se oculte, por miedo, por desidia, por irresponsabilidad. Hemos sido constituidos como Luz, gracias a que se nos ha dado la palabra y hemos creído en ella, más aún hemos dado con Dios por medio suyo. La palabra, que es luz, ha hecho que seamos Luz para las gentes. De ahí que Jesús nos pida con entrañable amor:

16 Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

Estamos en el mundo sin ser del mundo nos lo ha dicho Jesús; pero nuestra forma de estar puede ser luz o tinieblas. Lo segundo, representaría una degeneración de nuestra identidad; ya que por gracia de Dios no podemos ser si no luz, ello se nos ha dado desde nuestro bautismo. Dios, que es luz, vino a habitar en nosotros y permanece en nosotros en la medida que somos luz para nuestros hermanos; si permanecemos en él, nuestra luz se irradiará a todos. Estamos llamados a trabajar para que la luz disipe las tinieblas, con la confianza de que el mismo Señor es la luz que ha venido a vencerlas, es la luz que brilla en las tinieblas y que no puede ser apagada Juan 1,5.

Que María nuestra madre nos ayude a vivirnos hoy desde la mirada que Dios tiene frente a nuestra vida y nos haga responder al encargo que nos ha confiado: ser sal y luz para el mundo. 

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