Pautas jueves


“Sin fe es imposible agradar a Dios”.

Hebreos 11,1-6 

Esta Palabra de Dios es una de mis favoritas es como la puerta para comunicarnos con Dios, es abrir un espacio que siempre estuvo abierto pero que no supimos o no queremos abrirlo por miedo, pereza, desidia, la falta de tiempo, tenemos mil razones para no abrir esa puerta maravillosa al diálogo con Dios, nuestro Señor, Rey y Dios del universo y de cada uno de nuestros  corazones si lo acogemos con fe, es decir con gran amor creyendo que Él, es el Dios de la VIDA, del AMOR.

Hombres y mujeres de fe, la fe es el regalo más grande que nos ha dado Dios es creer en Él, confiar, ponernos en sus manos, reconocernos sus creaturas, sus hijos con la firmeza de que nada malo puede sucedernos, pues es nuestro Padre.

La vez pasada tenía a mi sobrinito en mis brazos, de 15 días de nacido,  y dormía plácidamente y hasta sonreía de vez en cuando y a mí lo único que me salía de todo corazón: dame fe, mi Dios, para amarte y sentirme en tus brazos como este niño, sin una gota de desconfianza.

Según nuestra fe suceden o no las cosas, nuestro camino hacia Él es seguro o nunca llegamos, como nuestros antepasados,  un sin número de personas fieles que sin ellos no hubiéramos conocido a Dios, porque ellos son fieles testigos de que el AMOR de Dios es eterno, Él es fiel y todo puede acabar menos su AMOR.

Jesús muy a menudo habla de la fe y dice: “Conforme a tu fe, se haga” cuando sanó al leproso, le dio vista al ciego, cuando la mujer dejó el flujo de sangre y admira al centurión, y a la mujer fenicia y exclama: ¡ jamás vi tanta fe! ¡Qué se haga según lo que has creído!

En este tiempo de adviento que necesaria es la fe, para que los sueños de Dios, que también son nuestros, se realicen, buscar el reino y el resto es añadidura, si lo creyéramos dejaríamos de preocuparnos de todo aquello que pasa, se malogra, se pierde, se pudre, lo roban y buscáramos la paz, perdón, la confianza de que somos hermanos, como mi madre solía decirnos; si son hermanos deben de quererse, ayudarse, perdonar:  entre los hermanos no hay envidia, celos, qué tanto habrá calado esto en nuestra vida que mis papás se han muerto hace más de cinco años y a ninguno se nos ha ocurrido pedir herencia y estoy segura que cuando los pocos bienes que hay se hará de tal forma que no llegaremos a pelearnos, porque lo tenemos bien metido en el corazón que los hermanos no se pelean.

A veces queremos que la fe funcione de inmediato, Dios no hizo el mundo como un mago con chasquido de dedos, se tomó su tiempo y hasta descansó, Él es el dueño del tiempo, dueño del trabajo y del descanso,  ese día de descanso fue para ver su obra y pensar cómo viviría el hombre en esa cuna de amor que él había preparado, se deleitó pensando en sus hijos, para que  tuviéramos un descanso para vivir en  familia ese es su sueño.

Todos nuestros son largos procesos de fe que con la paciencia de Dios nos va salvando,  fe para contraer matrimonio y fe para mantenerse unidos, fe cuando ingresamos a la universidad, a trabajar,  aunque hayan dificultades, dudas, la fe necesita de un asidero que son las promesas del Señor: ¡No temas, que yo estoy contigo hasta el fin de tus días! Qué esperanzadoras son estas palabras que nos mantiene en fe, creer en esa promesa es vivir siempre alegre, feliz de que Dios es el Señor y Dios de nuestra historia y que su amor es tan ancho, largo y profundo que cubre nuestros pecados, miserias, dificultades, enfermedades y que nada, ni nadie nos separará de Él.

Cuando Jesús sanaba, les decía  las personas curadas ¡Vete y no peque más! Porque es necesario agradar a Dios manteniendo el milagro que habían recibido, si te he devuelto la vista es para que cambies tu mirada de egoísta a generoso con la misma mirada de Dios, si te he curado la piel es para que no lastimes a los demás, sé, como Dios misericordioso que sólo busca tu bien, si Dios te ha curado es para que camines en su santidad. Tener fe es ser capaz de extender las manos para agradecerle tanta bondad para con nosotros, para alabarlo, para recuperar nuestras fuerzas y vivir conforme a su voluntad.

Pidamos a nuestra Madre tener fe para ver todas las promesas de Dios cumplidas en nosotros y mantenerlas vivas aún en situaciones nada favorables, que pareciera que el mundo se viene abajo pero que no es así, Dios aún tiene poder y no se le ha secado su derecha para seguir sosteniéndonos.


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