Pautas jueves

Toda nuestra vida confluye en la Persona de Cristo Rey del Universo
(Col 1,16-18)

Te damos gracias Padre, porque eres bueno y misericordioso, has querido manifestarte  a nosotros pequeños y débiles, y en tu gran amor no has podido buscar mejor manera  que  hacerlo a través de Jesucristo, tu único Hijo.
Cuando escucho que tú has mandado a tu único Hijo, me recuera a la viuda del evangelio, dio lo único que tenía, tú tenías un solo Hijo y lo sacrificaste por nosotros en Él entregabas tu propia vida, Jesús es tu imagen visible, tangible, concreta, fraterna, lo mandaste para que nos enseñara a ser Hijos, a comportarnos como Hijos tuyos, a enseñarnos  a ser tu imagen, tal como era tu Hijo ¿Cómo era Jesús?
La misma Palabra lo dice: obediente a la voz del Padre y por ello para que entendiéramos  en forma visible y concreta, que Jesús,  que es su Palabra, sea para nosotros también  nuestro alimento, nuestra razón de ser y hacer ¡Qué fuerte Padre! Mandar a tu único Hijo para enseñarnos a ser obedientes  y esperas que nosotros te respondamos, crees en nosotros porque tú  nos has dado la misma capacidad de Jesús de obedecerte, de amar, ya que en Él se manifestó  lo que nosotros somos capaces y hasta como Jesús en su humildad nos dice: Harán cosas mayores que yo ¿Será esto verdad?
A veces me siento capaz de ser como tú, Jesús amado, pero otras veces y son más que me siento tan débil, frágil,  de llegar a reproducirte y veo una distancia como la que hay entre el cielo y la tierra, porque mis pensamientos, sentimientos y voluntad son muy terrenos.
Lo que me alegra es que tuya es la obra que has iniciado en mí, y en Ti, encuentra mi vida consistencia, su razón de ser y de existir, cuando me siento débil, sé que tú todo lo puedes y que por pura misericordia me vas semejando en ti y cuando tú estás conmigo puedo ser también la  imagen del Dios  invisible,  y  recrear todas las cosas en el cielo y en la tierra, el universo visible y el invisible,  y fortalecer tu cuerpo, es decir, de la Iglesia… (Col 1,16-18)Por eso me uno a toda la Iglesia para cantar este himno que es una oración.
Quédate con nosotros
Fuente: Liturgia de las ho


Quédate con nosotros
la tarde está cayendo.
¿Cómo te encontraremos
al declinar el día,
si tu camino no es nuestro camino?

Detente con nosotros;
la mesa está servida,
caliente el pan y envejecido el vino.

¿Cómo sabremos que eres
un hombre entre los hombres,
si no compartes nuestra mesa humilde?
Repártenos tu cuerpo,
y el gozo irá alejando
la oscuridad que pesa sobre el hombre.

Vimos romper el día
sobre tu hermoso rostro,
y al sol abrirse paso por tu frente.
Que el viento de la noche
no apague el fuego vivo
que nos dejó tu paso en la mañana.

Arroja en nuestras manos,
tendidas en tu busca,
las ascuas encendidas del Espíritu;
y limpia, en lo más hondo
del corazón del hombre,
tu imagen empañada por la culpa.

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